Apuestas deportivas internacionales en 2026: elegir entre un permiso mexicano verificable y el terreno sin protección
Datos actualizados a noviembre 5, 2026; las condiciones de permiso citadas se contrastaron con los pies de página y las fichas de tienda de las propias casas, y con los compilados públicos de permisos de la Dirección General de Juegos y Sorteos.
México es un país donde apostar está prohibido y permitido a la vez, y quien escribió la ley para que eso funcionara no pensaba en internet. La Ley Federal de Juegos y Sorteos es de 1947. El Reglamento que la aterriza se reformó en noviembre de 2023 y sigue sin nombrar una sola vez la palabra “online”. Entre esos dos textos y un mercado que mueve miles de millones al año vive un permisionario con sala física, un montón de marcas digitales colgadas de su permiso, y un lector que abre el celular y quiere saber con quién está tratando.
Esa pregunta —con quién estás tratando— no tiene una respuesta binaria. No existe una lista blanca que puedas abrir para comprobar si la casa que te gusta está en regla. La Dirección General de Juegos y Sorteos publica lo que publica, el Congreso pidió en 2026 un registro público abierto que todavía no llega, y los propios compilados de permisos se contradicen entre sí en varios números. Así que el panorama de las apuestas deportivas internacionales en México no se resuelve con un semáforo de legal/ilegal. Se resuelve eligiendo camino: el de la casa que enseña un permiso mexicano aunque no puedas confirmarlo oficialmente, o el de la casa de fuera que no enseña ninguno y por eso mismo no te debe nada.
Lo que sigue es un mapa de esos caminos. Qué protege cada uno, qué cuesta, quién encaja mejor en cada orilla, y qué revisar tú mismo antes de depositar un peso.
Panorama: cómo funciona el mercado mexicano por dentro
Conviene entender la mecánica antes de discutir marcas, porque casi todos los malentendidos sobre “casas internacionales” nacen de una confusión de vocabulario. En México no se otorgan licencias. Se otorgan permisos. La diferencia no es de estilo: un permiso es un acto administrativo temporal concedido a un permisionario concreto, según el artículo 3 del Reglamento, y el artículo 31 añade el detalle que ordena todo el mercado: los permisos son intransferibles y no pueden cederse ni comercializarse. Un permiso mexicano solo ampara a su titular.

De ahí sale el fenómeno que el buscador llama “apuestas deportivas internacionales”. Una marca de apuestas conocida en medio mundo no puede pedir su propio permiso digital en México porque no existe la figura. Lo que hace —cuando lo hace— es asociarse con un permisionario que sí tiene una sala autorizada, normalmente un centro de apuestas remotas, y operar la marca bajo ese paraguas. Un mismo permisionario puede llevar varias marcas a la vez. Eso explica por qué dos sitios que parecen competidores feroces aparecen a veces en el mismo oficio de la autoridad.
¿Y el jugador qué gana con ese arreglo? Gana lo que el artículo 20 del Reglamento pone del lado del permisionario: cuentas trimestrales y anuales auditadas, fianzas, reportes de operaciones sospechosas de lavado. Y gana, sobre todo, algo que ninguna marca extranjera puede fabricar: un establecimiento legal mexicano al que reclamar. La contrapartida es que ese beneficio depende de un permiso que nadie puede mostrarte en un registro abierto. El número existe, está impreso, y viene con la etiqueta “según quién lo publica”. Esa etiqueta es incómoda y es la verdad.
Qué significa “internacional” en un boleto mexicano
Aquí hay que separar dos cosas que suenan igual y no lo son. Una cosa es apostar a eventos internacionales —la Champions, la Liga MX contra equipos de fuera, un Grand Slam, un torneo de tenis en otro continente— desde una casa que opera en México bajo permiso. Eso es lo corriente, el catálogo entero está lleno de fútbol extranjero y nadie discute su estatus: el permiso cubre la operación, no la nacionalidad del partido. La otra cosa es poner el dinero en una casa que no tiene permiso mexicano de ningún tipo. Ese es el sentido que mucha gente busca cuando teclea la frase, y es un terreno distinto, con reglas distintas y con una ausencia de protección que no es retórica.
Merece la pena decirlo sin adornos: la mayoría de las marcas que se anuncian agresivamente al público mexicano son internacionales de verdad y operan con una autorización de otro país. Un permiso de Curazao no es un permiso mexicano, y a una casa con permiso de Curazao no se le llama “legal en México” por muy grande que sea su nombre en el mercado. La diferencia se nota el día que algo sale mal, no el día que depositas.
Dónde está el borde: una ley sin adjetivo digital
El Reglamento, en su artículo 2, prohíbe expresamente lo que no está previsto en él. La lectura práctica de ese artículo es implacable: no existe una zona gris decorativa donde quepa cualquier cosa que la autoridad no haya imaginado. Lo que hay es una lista de figuras autorizadas y todo lo demás queda fuera. Y el artículo 8 de la ley le da a la Secretaría de Gobernación la facultad de clausurar establecimientos que operen sin permiso, con el añadido de que en los últimos dos años esa facultad se ha extendido en la práctica al bloqueo de dominios y aplicaciones.
Un sitio que aparece en resultados de búsqueda no está, por ese hecho, autorizado. Es la conclusión menos brillante de este artículo y la más necesaria. El buscador no es la autoridad.
Tipos de apuesta y qué se queda fuera
Las apuestas deportivas se permiten solo a través del permiso de un permisionario. Más allá de eso, el Reglamento leído no establece una regla separada para el juego en vivo, para los deportes virtuales, para los esports ni para modalidades concretas de apuesta: no hay artículo que las regule ni artículo que las prohíba por su nombre. Las apuestas mutuas e hípicas tienen su propio apartado, en hipódromos, galgódromos y frontones, con el “cruce de apuestas”, y con una prohibición tajante: los menores no participan nunca, según el artículo 5.
Sobre las casas de intercambio no aparece provisión alguna. No hay base para decir que exista una bolsa de apuestas mexicana. Sobre eventos restringidos —ligas juveniles, divisiones inferiores— tampoco aparece nada. Y la Lotería Nacional queda fuera del Reglamento entero, según su propio artículo 1, por si alguien intenta meterla en la misma caja.
Eso deja al apostador con una pregunta razonable: si el catálogo no está acotado por la ley, ¿qué acota la oferta? La respuesta es comercial, no legal. Cada casa decide qué abre y con qué margen, y ahí es donde conviene mirar los momios con desconfianza sana.
Marco legal y supervisión: quién manda y qué puedes reclamar
La autoridad es la Secretaría de Gobernación, y dentro de ella la Dirección General de Juegos y Sorteos, que autoriza, controla, supervisa, expide, modifica y termina permisos y tramita los procedimientos de sanción. La ley de fondo sigue siendo la Ley Federal de Juegos y Sorteos, publicada en el Diario Oficial el 31 de diciembre de 1947, que prohíbe los juegos de azar y las apuestas con apuestas en todo el territorio y deja a salvo solo lo expresamente autorizado. La autoridad otorga permisos e inspecciona (artículo 7), clausura locales sin autorización (artículo 8), impide que los establecimientos queden cerca de escuelas o centros de trabajo (artículo 9), y los estados y municipios cooperan (artículo 10).
Nada de eso nombra internet. Es el hecho central de esta página y conviene repetirlo con sus consecuencias: la práctica reportada es que un sitio en línea no puede tener una licencia digital independiente, sino que va amarrado al titular de un permiso terrestre autorizado. Muchas marcas extranjeras usan un permisionario local. Algunos permisionarios llevan varias marcas.
La cuestión del registro que no se puede abrir
La DGJS publica supuestamente un PDF de sitios autorizados. Ese documento no se pudo abrir al elaborar esta comparación, y el Congreso pidió entre mayo y julio de 2026 un registro público abierto. Los recuentos de sitios de apuestas se contradicen: un reporte habla de 136, otro de entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx. Por eso aquí no hay un conteo, y ningún número de permiso se imprime como oficial.
Esto tiene una consecuencia práctica que el lector debe interiorizar: cuando una casa teclea su número de permiso en el pie de página, está afirmando algo plausible, verificable en teoría y no confirmado en la práctica. Ese matiz no convierte a la casa en mentirosa. Convierte al número en una pista, no en una prueba.
El estado de cada marca con permiso declarado
Las siguientes casas figuran como operadores en México con un permiso de la Secretaría de Gobernación sostenido por un permisionario. Los números vienen de los pies de página de las propias marcas o de compilados públicos, y ninguno está confirmado oficialmente porque la lista de la DGJS no pudo abrirse. Las compilaciones se contradicen en algunos casos, y ahí no se imprime número.
| Casa | Estado de permiso que sus fuentes declaran | Qué dice su propia ficha sobre el juego responsable |
|---|---|---|
| Novibet | Permiso SEGOB DGJS/DCRCA/1121/2020, titular Comercial de Juegos de la Frontera | No disponible en la descripción pública |
| 1xBet | Permiso SEGOB DGJS/0002/2020, titular Entretenimientos Naturales | No disponible en la descripción pública |
| Betcris | Permiso SEGOB de su permisionario; el número del pie propio y el del compilado difieren, no se imprime | Prohibición estricta para menores, sección de juego responsable, servicio no promocionado a menores de 18 |
| Caliente | Permiso SEGOB DGG/SP/404/97, mostrado en el pie de la propia web | Prohibido para menores, llamado a jugar con responsabilidad y sección de juego responsable |
| Codere | Permisos SEGOB DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, titular Libros Foráneos (Codere México) | Permiso SEGOB declarado, uso limitado a mayores de 18, avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta |
| Playdoit | Permiso SEGOB DGAJS/SCEVF/P-02/2005, titular Eventos Festivos de México | No disponible en la descripción pública |
| Strendus | Permisos SEGOB DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021; los compilados difieren sobre el titular | No disponible en la descripción pública |
| Pickwin | Permiso SEGOB de su permisionario; los compilados se contradicen y no se imprime número | No disponible en la descripción pública |
| Betway | Permiso SEGOB 4184, titular Espectáculos Deportivos Frontón México | No disponible en la descripción pública |
| Winpot | Permiso SEGOB DGJS/DGAFJ/DCRCA/P-08/2014, titular no indicado en el compilado | No disponible en la descripción pública |
| Rushbet | Permiso SEGOB DGJS/3059/2021 (otro compilado da DGJS/DGAFJ/DCRCA/P-03/2018), titular Discos y Producciones Premier | No disponible en la descripción pública |
La columna de juego responsable merece una advertencia antes de que alguien saque conclusiones de sus huecos. Que una ficha de tienda no repita los avisos no significa que la casa no los tenga: significa que lo que se pudo leer en su descripción pública no los incluye. Y al revés: las casas que sí los repiten están haciendo lo mínimo decoroso, ni más ni menos. Un aviso de “juega responsablemente” en un pie de página es una obligación de imagen, no una herramienta.
La contradicción de números entre compilados no es un detalle administrativo aburrido. Es la prueba de que el sistema de permisos mexicanos funciona por confianza y no por consulta. Cuando el mismo número DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER aparece atribuido a una marca en un compilado y el pie de página de otra casa lo muestra a nombre de Producciones Móviles, alguien está copiando mal, o alguien está reutilizando. Ninguna de las dos opciones es tranquilizadora para quien va a depositar.
Prevención y juego responsable: lo que la ley no te da
Aquí la comparación se vuelve incómoda para todos, y conviene decirlo sin suavizarlo: en México no existe un registro nacional de autoexclusión. Ni para las casas con permiso ni para las de fuera. Si alguien entra en una espiral y quiere que se le cierre la puerta desde el sistema, no hay sistema que le cierre la puerta.

Lo que existe es otra cosa. El Reglamento, en su artículo 5, prohíbe a los menores entrar en las áreas de apuestas de los establecimientos y participar en el “cruce de apuestas”, pero no fija una cifra. Las marcas escriben 18+ en sus propias fichas y pies de página, y la cifra estatutaria para el juego no está establecida. La verificación de identidad la hacen los operadores y reportan operaciones relevantes a la UIF y al SAT, porque el juego es una actividad vulnerable bajo la ley antilavado, pero los documentos exigibles tampoco están fijados por estatuto. Tampoco aparece un límite legal de depósito o de pérdida, ni una figura de cuenta temporal.
Traducción para quien va a jugar: la protección que puedas tener depende de lo que cada casa decida ofrecerte, no de lo que el Estado te garantice. Las herramientas —pausas, límites de depósito, autoexclusión interna— son las que cada marca lista en su propia ficha de tienda. Y una herramienta que la casa ofrece y la casa retira cuando quiere no es lo mismo que una obligación legal.
La fecha de nacimiento como única barrera real
Vale la pena detenerse en el punto de la edad, porque es donde la ley y la práctica se separan de forma más visible. El Reglamento prohíbe la entrada de menores a zonas de apuestas y su participación en el cruce de apuestas, pero no dice “18”. Las marcas dicen 18. Un lector razonable concluye que 18 es el estándar del mercado mexicano y que la ley se queda corta al no escribirlo. Ese hueco no es un resquicio legal para apostar siendo menor: es una laguna de redacción, y las casas la tapan por su cuenta porque una marca que se promociona a menores se expone a un problema de imagen mucho mayor que cualquier multa.
Herramientas internas: cómo se ven en la práctica
Las herramientas de control que las casas listan suelen caer en tres familias. La pausa temporal, que sirve para un fin de semana malo. El límite de depósito, que es la que de verdad cambia la aritmética personal, porque ataca el flujo de entrada y no la intención. Y la autoexclusión interna, que cierra la cuenta por un periodo y suele ser la única que un apostador compulsivo respeta, precisamente porque no depende de su fuerza de voluntad a las once de la noche.
El detalle que hay que entender es dónde vive cada una de esas herramientas: dentro de la casa, no fuera. Si mañana abres cuenta en otro operador, tus límites no viajan contigo. La autoexclusión que pediste en una marca no le dice nada a la siguiente. En un país con registro nacional eso se resuelve solo; aquí se resuelve a base de repetir el trámite cada vez que cambias de casa.
La preparación que no depende de la ley
Un lector que llega a esta página con una preocupación real no necesita que se le recite el Reglamento. Necesita tres cosas prácticas.
La primera es fijar el límite antes de ver la oferta. Un límite de $500 MXN semanales decidido en frío sigue siendo $500 cuando la casa te enseña un bono que parece duplicarlo. Decidido después de verlo, ya no es un límite: es una excusa con número.
La segunda es entender que la promoción es el anzuelo, no el premio. Un bono no es malo ni bueno sin mirar sus condiciones, y estas casi siempre viven detrás del requisito de apuesta y del momio mínimo. Ese es el material de las secciones que vienen.
La tercera es saber dónde se pide ayuda cuando el problema es real. En una conversación honesta con alguien que no gane nada con que sigas jugando.
Impuestos, retenciones y el CFDI que casi nadie pide
Este apartado no es asesoría fiscal y no pretende serlo; es un mapa de lo que cambia según el camino que elijas.
Del lado del operador, el impuesto especial sobre producción y servicios alcanza los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso bajo la Ley Federal de Juegos y Sorteos a una tasa de 50 %, reformada en el Diario Oficial del 7 de noviembre de 2025 y en vigor desde el 1 de enero de 2026, frente al 30 % anterior. Lo importante para tu bolsillo no es la tasa: es la base. El texto de la ley que se pudo leer dice solo “valor de la actividad”. La prensa habla de “monto total apostado”. Como la base no está establecida, aquí no se escribe “50 % de lo apostado” ni “50 % de los ingresos brutos”, porque ninguna de las dos cosas está dicha.
Sí está dicho algo que cambió el mercado desde el 1 de enero de 2026: la misma fracción alcanza también a los residentes en el extranjero que ofrecen juegos con apuestas en línea sin establecimiento en México, que deben cumplir las obligaciones de la ley del IEPS, con bloqueo temporal del servicio digital por incumplimiento grave según los artículos 18-H BIS a 18-H QUINTUS de la Ley del IVA. Es una pieza más del mecanismo de bloqueo, y explica por qué los operadores sin establecimiento local están más expuestos de lo que parece.
Del lado del premio
Aquí el asunto se pone más concreto para ti. Los premios de loterías, sorteos, rifas, juegos con apuestas y concursos legalmente autorizados son ingresos, según los artículos 137 y 138 de la Ley del ISR. El pagador retiene 1 % si el estado no grava el premio o si su impuesto no excede 6 %, y 21 % si un impuesto estatal sí excede ese 6 %. La retención es pago definitivo solo si la persona presenta la declaración exigida cuando está obligada; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita. La Ciudad de México aplica un impuesto estatal del 6 % a los premios, lo que lleva el total en torno al 7 % según un reporte secundario. Los premios por encima de $600,000 MXN al año deben reportarse en la declaración anual.
Y aquí viene el punto donde los dos caminos se separan de verdad. El artículo 137 habla de premios “autorizados legalmente”. El tratamiento de un premio obtenido en un sitio sin permiso no está establecido, y la posición correcta ante esa duda es la única sensata: consulta a un contador o asesor fiscal. Cualquiera que te venda una seguridad sobre este punto te está vendiendo algo que no tiene.
Lo que un permisionario te entrega en papel
Hay un documento que resume la diferencia mejor que cualquier discurso: el CFDI de retenciones. Una casa con permiso en México lo emite. Un sitio sin permiso no lo emite, no declara ante el SAT por ti y no tiene con qué hacerlo. El día que Hacienda te pregunte de dónde vino ese dinero, tener un comprobante fiscal de la retención es la diferencia entre una explicación y un problema.
Eso, y no el momio, es lo que compras cuando eliges un permisionario. En la mayoría de los bonos de bienvenida del mercado mexicano, la diferencia de momio entre una casa y otra es de centavos sobre un boleto de cien pesos. El CFDI, en cambio, no se puede sustituir con nada.
Las cuentas de una oferta: lo que cuesta jugar
Esta es la parte que el marketing prefiere que no hagas, así que hagámosla con números redondos y supuestos explícitos. Nada de lo que sigue es un momio cotizado por ninguna casa: son supuestos de trabajo para que veas el mecanismo, y el mecanismo no depende de la marca.
Parte de la premisa que tú mismo fijaste en la sección sobre prevención: $500 MXN de apuesta semanal, una sola vez por semana, en un mercado de dos resultados a momio decimal 1,90 y 1,90. Es el ejemplo de mercado pareado perfecto, sin favorito, y sirve para aislar el costo que no se ve.
El margen de ese mercado sale de sumar las inversas de los dos momios y restar el resultado de uno. Las inversas suman 1,0526 y redondean a 1,053, así que la casa se queda alrededor del 5,3 % de cada peso apostado en ese mercado, y devuelve en premios el 94,7 % restante. Traducido: de tus $500, unos $473 vuelven al pozo de los jugadores de forma agregada y unos $26,5 se quedan en la casa, en promedio, sin importar quién gane el partido. Ese es el costo estructural de jugar.
Extendido a un mes de cuatro apuestas semanales de $500, el volumen es de $2,000 MXN y la pérdida esperada se mueve en una banda que depende de la proporción del volumen que finalmente se apueste a mercados con ese margen. Si todo el volumen va a un mercado del 5,3 %, el costo esperado ronda los $106 MXN al mes. Si la mitad del volumen va a mercados más caros —los combinados, los mercados secundarios, los momios de un solo operador sin competencia en la pantalla— el costo esperado sube hacia los $140 o $150 MXN. Y si apuestas a un comparador de cuotas antes de cada boleto, la banda baja al entorno de los $80 a $90. Es una estimación estadística: el promedio de muchos boletos bajo esos supuestos, no un resultado garantizado para un mes concreto. Puedes ganar los cuatro boletos, y puedes perder los cuatro.
La oferta que parece borrar ese costo
Ahora pongamos un bono de bienvenida encima de esa aritmética, en términos genéricos porque las condiciones cambian de casa en casa. La estructura estándar del mercado mexicano es un bono cuyo uso exige un requisito de apuesta —varias veces el importe del bono, o del bono más el depósito, según la casa— y solo cuentan las apuestas hechas a un momio mínimo determinado. Ese requisito es lo que convierte el “bono gratis” en un compromiso de volumen.
Y ese compromiso tiene un precio medible con lo que ya calculamos. Si tienes que mover cinco veces el importe de un bono de $1,000, eso son $5,000 de volumen adicional al margen típico del 5,3 %, es decir, alrededor de $265 MXN de costo esperado para desbloquear $1,000. El supuesto clave es que solo se apueste el importe del bono, porque el dinero que arriesgas sale de tu propio depósito. Si además juegas ese volumen con tu propio dinero y no solo con el bono, el costo esperado se multiplica en la misma proporción. Las condiciones exactas de cada oferta están en los términos de cada casa, y ahí es donde hay que leer el número, no en el titular del anuncio.
Aterrizado al boleto: si apuestas $500 a momio 1,90 y ganas, la casa te devuelve $950, con $450 de ganancia neta. Eso es todo lo que esa apuesta paga, y es exactamente lo mismo si el boleto lo colocaste con tu depósito o con un bono. La oferta no cambia el premio: cambia cuánto te cuesta llegar a él.
Dónde está el truco de “sin riesgo”
“Apuesta sin riesgo” es la etiqueta que más trabajo le da al lenguaje en este mercado, y el trabajo consiste en que casi nunca significa lo que parece. Hay tres formas en las que aparece en la práctica.
La primera es la apuesta devuelta como apuesta gratis cuando pierdes. No recuperas dinero: recuperas la posibilidad de hacer otra apuesta, y esa apuesta gratis tiene su propio requisito y su propio momio mínimo. Si el tope de ganancia con la apuesta gratis es bajo, la devolución vale bastante menos de lo que el titular sugiere. La segunda es la que exige un requisito de apuesta alto antes de pagar nada, con lo cual el “riesgo cero” se convierte en un compromiso de volumen con un costo esperado calculable, no en una devolución. La tercera es la que convierte el reembolso en saldo cuyo retiro tiene condiciones adicionales.
Ninguna de las tres es una estafa, y todas las tres son un titular que se lee mejor de lo que se cobra. La regla es simple: el bono te da algo, y el requisito y el momio mínimo definen cuánto cuesta conseguirlo.
Cuándo el bono sí vale la pena
Hay un lector concreto para el que esta aritmética sale bien: quien ya iba a mover un volumen de apuestas alto y sostenido con su propio dinero, a mercados principales, con boletos sencillos, y a quien le da igual jugar en una casa u otra. Ese lector captura un importe que la casa le entrega y paga por él un costo esperado que ya estaba pagando de todos modos. Para ese lector, ignorar un bono disponible es regalar dinero.
El lector que pierde con la promoción es el otro: apostador ocasional, de boleto pequeño y modo combinado, que apuesta lo que no había pensado porque el bono lo empuja a alcanzar un volumen. Su volumen sin bono habría sido de $500 a la semana; con el bono se convierte en $5,000 al mes, y el costo esperado crece con el volumen. La promoción no creó ese costo. Solo le dio una razón para generar el volumen que sí lo crea.
El punto medio es donde cae la mayoría. Y este lado del sistema no tiene atajos: el único escollo real está en los términos y condiciones de la oferta concreta, no en el titular del anuncio.
Evaluación: cómo comparar nueve casas sin una lista oficial
Un compilado de casas tiene un problema estructural que hay que decir en voz alta antes de empezar: la lista de marcas que aparece abajo no es el mercado mexicano. Son las casas que operan con un permiso declarado de la Secretaría de Gobernación, según sus propias fuentes. Una marca que no está no carece por eso de permiso. Y una marca con permiso declarado no está validada por nadie más que ella misma.
Los criterios con los que vale la pena comparar son cuatro, y ninguno viene de la ley.
El primero es la trazabilidad del permiso. Un número visible en el pie de página con un titular identificable es más útil que un número escondido; un compilado que repite el mismo número que otra casa muestra para otro titular es una señal de alarma, y hay al menos un caso en este conjunto.
La segunda es la cobertura deportiva del propio catálogo, que es lo que realmente distingue a unas casas de otras para un apostador internacional y que ahora mismo no puede compararse cifra contra cifra en este compilado.
La tercera es si la casa ofrece la vía documental completa: verificación de identidad y comprobante fiscal de retenciones. Es binario y es decisivo.
La cuarta es la fecha del estado de la marca. Una casa con proceso abierto de bloqueo o suspensión no es una casa disponible, aunque su dominio siga en pie. Ese criterio no aparece en las tarjetas de este compilado, y los casos que se le acercan se tratan en la sección sobre el marco legal.
Novibet: permiso largo, catálogo por comprobar
Novibet declara un permiso SEGOB con número DGJS/DCRCA/1121/2020 a nombre de Comercial de Juegos de la Frontera, según el compilado de casasdeapuestaslegales.mx, sin confirmación oficial. Es un número con formato completo y un titular identificable, que es más de lo que ofrecen varias marcas de esta lista. La descripción pública de la marca disponible en este compilado no incluye avisos de juego responsable ni una sección de juego responsable, algo que sí aparece en las fichas de al menos otras dos casas del conjunto.
Ese detalle importa para el lector de esta sección: quien necesita herramientas de control visibles antes de registrarse va a tener que buscarlas dentro de la cuenta una vez abierta, no en la descripción pública de la tienda. Para un apostador que juega poco y quiere certeza documental antes de empezar, la ausencia de esos avisos en la ficha pública es un trámite extra, nada más y nada menos.
1xBet: número limpio, identidad partida
1xBet figura con permiso SEGOB DGJS/0002/2020 y titular Entretenimientos Naturales, según compilados de permisos, que tampoco pudieron confirmar el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial. La App Store, en cambio, lista la aplicación bajo 1XCorp N.V., una empresa distinta del titular nombrado. Ahí hay un desajuste que un lector atento del pie de página puede detectar solo: el permiso está a nombre de alguien, y la aplicación a nombre de otro.
Esto no demuestra irregularidad. Las estructuras corporativas de este sector rara vez caben en una línea. Pero para quien compara con criterio documental es una grieta: la marca no enseña una cadena continua entre permisionario y aplicación. Un lector que apuesta volúmenes altos y quiere tener claro a quién reclamar tendría que preguntar eso directamente al soporte antes de depositar.
Betcris: el permiso que aparece en dos pies de página
Betcris está entre las casas que muestran su propio permiso en el pie de página, y ese es el punto a su favor: mantiene una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008 vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026, además de la figura mexicana. El problema es de identificación: el número del pie de página propio de la marca y el que aparece en el compilado de referencia no coinciden, y el número que un tercero atribuye a Pickwin es precisamente el que el pie de página de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles. Eso sitúa a Betcris en el centro de la contradicción más llamativa del conjunto.
Sobre juego responsable, Betcris declara que los juegos con apuestas están estrictamente prohibidos para menores, enlaza una sección de juego responsable y aclara que el servicio no se promociona a menores de 18. Es una ficha más explícita que la de varias casas del mismo grupo.
La lectura útil para un lector es esta: Betcris aparece con dos historiales de autorización en dos jurisdicciones distintas, y con una discrepancia de número que nadie ha resuelto públicamente. Quien priorice la vía documental encontrará aquí una casa con más defensas que un sitio anónimo, y con una pregunta que conviene hacerle por escrito a su soporte antes de confiarle un depósito grande.
Caliente: el número más estable del grupo
Caliente es la casa cuyo número de permiso aparece en el lugar más sólido: en el pie de página de su propio sitio, DGG/SP/404/97, presentado como autorización de la Secretaría de Gobernación, y con Tecnología en Entretenimiento Caliplay como operadora del sitio. El formato antiguo de la serie DGG/SP corresponde a permisos de larga data, no a registros recientes.
Su pie de página declara que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. Es lo mínimo exigible, sin nada que destaque.
El valor de Caliente en esta comparación no es la oferta deportiva, que este compilado no permite comparar cifra contra cifra, sino la trazabilidad. Entre las nueve marcas del conjunto, es de las pocas donde permisionario, operadora y número forman una cadena sin saltos visibles.
Codere: la ficha más cumplidora del grupo
Codere destaca por un motivo poco glamuroso y muy relevante: es la casa del conjunto cuya ficha pública cubre más de los puntos que a un lector prudente le importan. Declara operar con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años, incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Sumado a sus permisos DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019 a nombre de Libros Foráneos, según compilados de permisos, la marca proyecta una estructura administrativa ordenada.
Como siempre, sin confirmación oficial de esos números. La diferencia con las demás no está en la certeza, que ninguna tiene, sino en cuánto de lo que un apostador busca comprobar está puesto por escrito sin que haya que pedirlo. Para quien compara defendiéndose, la política de cierre de cuenta publicada es un dato de peso: significa que la casa describe el procedimiento para irse, no solo el procedimiento para entrar.
Playdoit: formato de permiso corto
Playdoit figura con permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005 y titular Eventos Festivos de México, según el compilado de casasdeapuestaslegales.mx, sin confirmación oficial. El número es de la serie antigua y de formato corto, lo que encaja con una autorización de dos décadas de antigüedad sostenida por el permisionario.
Lo que no aparece es una descripción pública de herramientas de juego responsable en lo que se pudo leer, del mismo modo que en otras marcas del conjunto. Eso deja al lector, otra vez, en la instancia de abrir la cuenta y revisar los controles por dentro antes de depositar. Es una carga pequeña pero real: si tu decisión depende de saber de antemano si hay límite de depósito configurable, esta casa no te lo va a decir antes de que te registres.
Strendus: tres permisos y dos titulares posibles
Strendus acumula tres números —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021— con dos titulares posibles según el compilado: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads. La diferencia entre esas dos razones sociales no es un detalle de archivo, porque el artículo 31 del Reglamento prohíbe ceder o comercializar permisos.
Cuando un compilado no puede decidir a quién pertenece un permiso, el lector no tiene forma de saber si está ante una casa que opera bajo un permiso propio o bajo el de un tercero vinculado. La marca tiene la respuesta; el público no. Eso no la descalifica, y sí le quita el beneficio de la duda que sí conservan las casas con cadena limpia.
Pickwin: el número que pertenece a otro
Pickwin es el caso más instructivo de toda la evaluación, y no por lo que hace mal la marca. Los compilados le atribuyen permiso DGJS/DCRCA/1584/2019, y otro le asigna DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER, titular Producciones Móviles con Unocapali La Paz Operadora. Ese segundo número es exactamente el que el pie de página de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles. Es decir: o las dos casas comparten permisionario —lo que el propio sistema permite, porque un permisionario puede llevar varias marcas— o uno de los dos compilados copió el número equivocado.
Dicho de otro modo: los números de permiso de esta marca se contradicen entre sí en las fuentes que los publican, y aquí no se imprime ninguno como cierto. Para el lector, la conclusión es concreta y no tiene que ver con la calidad del producto: si el permiso es el criterio que te importa, Pickwin es la casa del conjunto donde más trabajo te va a costar verificarlo por tu cuenta, y donde conviene pedir la aclaración antes de abrir cuenta.
Betway: un número corto y un titular claro
Betway declara permiso SEGOB 4184 a nombre de Espectáculos Deportivos Frontón México, según casasdeapuestaslegales.mx, sin confirmación oficial. El número de cuatro dígitos es de una serie distinta a la de los permisos largos modernos y el titular remite a una empresa de espectáculos vinculada a un frontón, lo que es coherente con la figura de permiso complementario que el Reglamento contempla para los titulares de permisos de frontón, hipódromo o galgódromo.
Esa coherencia estructural es un dato a favor: el titular declarado coincide con el tipo de permisionario que la norma mexicana efectivamente contempla para derivar hacia apuestas remotas. Para quien compara con criterio documental, es la única marca del conjunto donde la forma del permiso y la naturaleza del titular cuentan la misma historia.
Winpot y Rushbet: dos formas de no poder verificar
Winpot figura con permiso DGJS/DGAFJ/DCRCA/P-08/2014 y sin titular indicado en el compilado. La marca es más de casino que deportiva, y su oferta deportiva no pudo verificarse. Para esta comparación, eso la deja fuera de cualquier lectura sobre profundidad de mercado: no hay con qué compararla.
Rushbet aparece con DGJS/3059/2021 en un compilado y DGJS/DGAFJ/DCRCA/P-03/2018 en otro, titular Discos y Producciones Premier. La contradicción de números es el mismo patrón que arrastran otras marcas de este grupo, y apunta a lo mismo: en el mercado mexicano, el número de permiso que lees en un tercero no es una constancia.
Ambas ilustran la regla que ordena todo este apartado. La opacidad no la crea la casa necesariamente; la crea un sistema donde el registro público está prometido y no llega. Lo que sí está en manos de cada marca es cuánta información pone a la vista, y ahí las diferencias entre estas nueve son reales y comparables.
El terreno sin permiso: qué pasa cuando el camino elegido no tiene vuelta
Todo lo anterior asume que la casa que elegiste tiene un permiso mexicano detrás, con o sin confirmación oficial. Vale la pena recorrer el otro camino, el que el buscador llama internacional sin más, porque una comparación honesta tiene que mostrar las dos orillas aunque en una de ellas no se nombre a nadie.
Lo primero que hay que quitar de la cabeza es la idea de que un sitio sin permiso es solo una versión más barata y desregulada del mismo producto. No es el mismo producto con menos pasos: es otro producto, con otra relación con el Estado mexicano. Un sitio sin permiso de la SEGOB no opera dentro del marco legal mexicano, según el artículo 2 del Reglamento, que prohíbe lo no previsto expresamente. Eso no es una advertencia moral: es una descripción de dónde estás parado cuando pones dinero ahí.
Lo segundo es entender qué falta en concreto. Una casa con permiso ofrece establecimiento legal mexicano, permiso de la SEGOB, controles de identidad y contra el lavado de dinero y constancia de retenciones. Un sitio sin permiso no ofrece nada de eso. Y —este es el punto que une las dos orillas— tampoco existe un registro nacional de autoexclusión en ningún caso.
Balances congelados: el riesgo que sí ocurrió
El argumento de que “a fin de cuentas es mi dinero y lo puedo sacar cuando quiera” tiene una refutación documentada en el mercado mexicano reciente. Los días 11 y 12 de noviembre de 2025 la UIF identificó 13 casinos y congeló cuentas, y las operaciones de bet365 y Betano, de Ganador Azteca, quedaron deshabilitadas. Los saldos de clientes de un operador bloqueado pueden quedar congelados.
Eso es lo que se rompe: no el acceso a la pantalla, sino la posibilidad de retirar. Un saldo en un operador bloqueado no es dinero disponible. Es una cifra en una pantalla a la que no tienes acceso legal ni práctico, y que se resuelve, si se resuelve, en un juzgado y a lo largo de meses.
Un historial de tribunales que cambia cada pocos meses
El caso mexicano es una advertencia sobre la estabilidad de cualquier estado de situación publicado. En diciembre de 2025 un tribunal colegiado permitió a las aplicaciones de bet365 y Betano solo publicar contenido informativo lícito ajeno a las apuestas y conservar los dominios. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, y el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, entre ellos betano.mx y bet365.mx. En octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra ambas marcas, según una única fuente. Además, alrededor de 20 casinos físicos fueron clausurados en 2026.
Cualquier página que te diga hoy si un operador concreto está disponible o bloqueado te está vendiendo una foto por una película. La única forma correcta de decirlo es con fecha. Y la única forma correcta de leerlo es asumiendo que cambiará antes de que la consultes otra vez.
Qué NO se puede afirmar
Hay dos cosas que este apartado deja deliberadamente sin decir.
La primera es una multa o un delito para el apostador que simplemente apuesta en un sitio sin permiso. No está establecido, y aquí no se afirma ni la sanción ni la exención. Ojo con las dos direcciones del error: hay quien publica que no pasa nada, y hay quien publica que es delito federal. Ninguna de las dos cosas sale de los textos citados.
La segunda es que apostar a eventos internacionales tenga un estatus distinto de apostar a eventos nacionales. No lo tiene. La nacionalidad del partido no cambia nada; lo que cambia todo es el permiso de quien acepta la apuesta.
La comparación honesta, en una línea
Un permisionario te da un lugar donde reclamar en México. Un operador sin permiso no te da ninguno. Lo demás —el momio, la app, la atención al cliente— se parece bastante entre los dos. La diferencia se materializa el día que necesitas reclamar, y ese día llega sin aviso.
Lo que un lector mexicano debería revisar antes de depositar
Esta sección no repite nada de lo anterior; es la lista de comprobaciones que se derivan de él.
Antes de abrir cuenta, busca el permiso en el pie de página del sitio. Si no está, ya sabes lo que eso significa. Si está, apunta el número y el titular y compáralos con lo que la casa dice en su ficha de tienda: un desajuste entre la razón social del permiso y la empresa que figura como titular de la aplicación es la primera cosa que conviene preguntar al soporte.
Después revisa las herramientas de control dentro de la cuenta, antes del primer depósito. Fija el límite de depósito ahí, en frío, cuando todavía no hay una oferta en la pantalla empujándote a subirlo. Comprueba si la autoexclusión interna existe y por cuánto tiempo cierra la cuenta.
Después lee los términos de la promoción, y léelos buscando tres números: el requisito de apuesta, el momio mínimo que cuenta, y el tope de ganancia si hay apuesta gratis de por medio. Con esos tres datos puedes estimar el costo esperado con la aritmética que ya viste: volumen requerido por el margen típico del mercado al que vas a apostar. Si el resultado se parece al valor nominal del bono, el bono no es un regalo.
Y por último, revisa si la casa emite CFDI de retenciones. Es la comprobación que más gente se salta y la que más consecuencias tiene si ganas algo relevante.
Preguntas frecuentes
¿Qué riesgos corro si apuesto en una casa sin permiso mexicano?
Pierdes el establecimiento legal mexicano, el permiso de la SEGOB, los controles de identidad y contra el lavado de dinero del permisionario y la constancia de retenciones. El riesgo más concreto es el retiro: los saldos de clientes de un operador bloqueado pueden quedar congelados, y eso ya ocurrió en el mercado mexicano. Tampoco hay registro nacional de autoexclusión en ningún caso.
¿Cómo compruebo si una casa tiene permiso de la Secretaría de Gobernación?
Busca el número y el titular en el pie de página o en la ficha oficial de la aplicación. Contrástalos con un compilado de permisos, sabiendo que las compilaciones se contradicen entre sí y que la lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos no está disponible como registro público abierto. Ningún permiso queda confirmado oficialmente por esta vía.
¿Existe un registro nacional de autoexclusión en México?
No existe, ni para las casas con permiso ni para las que operan sin él. Lo que hay son herramientas internas de cada marca: pausas, límites de depósito y autoexclusión voluntaria dentro de esa casa concreta. No viajan contigo si cambias de operador, así que hay que repetir el trámite en cada cuenta que abras.
¿Cómo fijo un límite de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?
Desde la configuración de tu cuenta, en la sección de juego responsable, y conviene hacerlo antes del primer depósito. No hay un límite estatutario que la casa deba aplicar por ti. El Reglamento leído no fija un límite legal de depósito ni de pérdida, así que la única barrera confiable es la que tú configuras y no modificas después de ver una promoción.
¿Se pagan impuestos por los premios y quién los retiene?
Los premios de juegos con apuestas legalmente autorizados son ingresos según los artículos 137 y 138 de la Ley del ISR. El pagador retiene 1 % si el estado no grava el premio o su impuesto no excede 6 %, y 21 % si lo excede. La Ciudad de México aplica 6 % estatal, cerca de 7 % en total. Para premios de sitios sin permiso, consulta a un contador.
¿Dónde busco ayuda si apostar se vuelve un problema?
En una conversación directa con alguien que no gane nada con que sigas jugando, y con las herramientas internas de la casa donde tienes la cuenta: pausa, límite de depósito y autoexclusión de esa marca en particular. Si cambias de operador tendrás que repetir el proceso, porque no hay registro nacional que arrastre la decisión.
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