Apuestas en México 2026: la letra chica del bono, el momio y el permiso

Updated noviembre 2026
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Un documento con sello rojo sobre un escritorio de madera junto a un bolígrafo

Actualizado el noviembre 5, 2026 con los datos de permiso que publican las propias casas y de la Ley Federal de Juegos y Sorteos y su Reglamento.

Según el artículo 2 del Reglamento de la LFJS, la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida.

Hay una manera de saber si a un bono de bienvenida le conviene el nombre: se divide. Doscientos pesos de bono con un rollover de diez veces no son doscientos pesos. Son dos mil pesos de boletos antes de que el dinero sea tuyo, y dependiendo del momio al que los juegues, una parte de esos dos mil se queda en el margen que la casa ya tiene dentro de cada precio. Ese es el tema de esta página. Lo demás —qué plataforma paga más rápido, cuál app se instala en un teléfono viejo, cuál tiene más mercados de la Liga MX— importa, pero importa después de que el aficionado entienda cuánto le cuesta el incentivo con el que lo están recibiendo.

En México esa cuenta no se hace sola. El fundamento para operar apuestas es un permiso de la Secretaría de Gobernación, un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario; la palabra que corre por los anuncios es “licencia”, y en el Reglamento de la ley federal la palabra es otra. Con esa distinción empieza casi todo lo que un apostador mexicano necesita saber antes de depositar: quién responde por su saldo, quién le retiene impuestos si pega, y qué pasa si el operador al que le mandó mil pesos no tiene permiso.

El bono no es dinero, es un contrato con fecha

Los operadores con permiso que se anuncian en México presentan sus incentivos de formas muy distintas, y ahí se ve la diferencia entre un regalo y una obligación. Conviene apuntar una línea: en esta categoría, ninguna casa regala algo sin condicionarlo, y muy pocas publican el costo completo del paquete en el lugar donde invitan a reclamarlo. Después de la subida del IEPS la industria volvió a diseñar sus bonos de bienvenida para absorber con ellos parte del impuesto. Un bono que antes se anunciaba como una gratificación se anuncia hoy como una recompensa por volumen.

Un balón de fútbol sobre un boleto de apuesta blanco en una mesa de madera a la luz del día
Los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros.

El requisito de apuesta —rollover, requisitos de apuesta— es la pieza que hay que mirar primero. El dinero del bono suele venir acompañado de la obligación de jugarlo varias veces antes de que pueda retirarse, y de una lista de condiciones que rara vez aparece en el banner: el momio mínimo al que cuentan las jugadas, el plazo antes de que el saldo del bono se esfume, y qué pasa si se quiere cobrar antes de cumplirlo. En algunos paquetes el rollover base es el bono; en otros, el bono más el depósito. La diferencia entre esas dos bases es el mayor salto que puede dar la cuenta final, y no un detalle.

Vale la pena decirlo con el ejemplo más simple, sin bono de por medio. El margen que la casa tiene dentro de un momio se calcula sobre todos los resultados de un mismo mercado: el porcentaje que la casa devuelve del total apostado es uno dividido entre la suma de los inversos de los momios. En un mercado de dos resultados a momio 1,90 y 1,90, la casa devuelve 95 % de lo apostado y se queda con 5 %. Un apostador que juega dos mil pesos para cumplir un rollover está, por promedio, apostando contra ese 5 %, así que una parte de lo que apuesta se queda en el camino sin que exista una jugada perdedora en particular. Ese es el costo invisible que ninguna campaña de bienvenida menciona, y es exactamente el mismo tipo de costo que la tabla que sigue hace concreto.

Cómo se paga un bono en la práctica

El orden en que un incentivo se convierte en dinero sigue siendo el mismo en todas las casas que revisamos. Primero se reclama o se acredita el bono. Segundo, el saldo del bono convive con el saldo real, pero no se mezcla: el retirable es uno, el jugable es otro. Tercero, cada boleto que se apuesta con el saldo del bono suma al rollover solo si su momio llega al mínimo que la casa publica; un parlay de momio alto cuenta distinto que una sencilla de momio bajo, y una apuesta hecha con saldo real puede no contar en absoluto. Cuarto, al llegar al múltiplo exigido, el saldo cambia de categoría y solo entonces se puede retirar.

Una credencial de elector junto a un celular con una cuenta regresiva en la pantalla sobre una mesa de cocina
El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica.

Hay un quinto paso que casi nadie lee y que decide el caso: el plazo. Los incentivos se vencen. Un rollover no completado dentro de la ventana que fija la casa no se cobra, no se prorroga y no se negocia, y el saldo vuelve a la casa. Para un aficionado que apuesta un partido por semana, un requisito de apuesta alto no es un obstáculo de aritmética, es una fecha límite, y las fechas límite se pierden por razones de la vida y no de la matemática.

También importa qué se considera una jugada válida. Un boleto cuyo contenido es a otra casa, un momio bajo con la única intención de hacer volumen, o un mercado que la casa publica como no apto, no mueven el contador. El aficionado que quiere cumplir rápido tiende a tomar momios cortos para no arriesgar, y ése es el camino por el que más paga: el momio que da la casa en un mercado muy probable no es solo un precio, es su margen aplicado a la parte menos volátil del mercado. Pagar menos riesgo con peor precio es la transacción que el rollover está diseñado a provocar.

Lo que un rollover le hace a un presupuesto chico

Aquí está la cuenta que le sirve a alguien que juega con poco. Supongamos un aficionado que aparta 500 pesos a la semana para apostar, que deposita una vez y que se topa con un bono cuyo rollover exige apostar varias veces el monto del bono antes de retirar. Si el requisito es de diez veces sobre el bono únicamente, el volumen obligado es diez veces el bono, y al jugarlo en sencillas de 100 pesos, ese volumen se convierte en un número concreto de boletos. Si el bono es de 500 pesos, el aficionado tiene que meter mil quinientos pesos más en volumen antes de tocar el bono; a 100 pesos por boleto, quince boletos. Si el rollover se calcula sobre bono más depósito, la cifra del mismo paquete se duplica y el mismo presupuesto semanal no alcanza dentro del plazo que la mayoría de las casas publica.

Ese es el punto que la aritmética deja fuera de discusión: no es que el bono no valga, es que el bono cambia a qué velocidad puede jugar el aficionado y cuánto tiempo tiene que estar dispuesto a jugar en esa casa antes de poder irse con el dinero. Para un apostador de 500 pesos semanales, un requisito de apuesta alto convierte la relación con la casa en una obligación de calendario. Para alguien que apuesta cientos de pesos al día en varios partidos, el mismo requisito se cumple casi solo. Dos personas con la misma ficha de bono viven realidades opuestas, y ninguna de las dos está en el anuncio.

Los boletos gratis —las apuestas gratuitas— tienen la misma naturaleza. Una apuesta gratis no es dinero: es un boleto que, si gana, paga la ganancia y no el importe apostado en la mayoría de las formulaciones, y que suele llevar su propio tope de cobro y su propio plazo. Un aficionado que compara dos ofertas comparando el tamaño del bono está comparando la parte fácil. El tope, el plazo y el mínimo de momio son la parte que decide cuánto llega a su cuenta.

Por qué aquí no se copia el rollover de nadie al vecino

Las casas reguladas en México publican sus propios términos, y esos términos no son intercambiables. Un factor de apuesta, un momio mínimo o un tope de cobro pertenecen al paquete de la casa que lo publica, no al paquete de al lado, y menos aún al de otro mercado. Cuando un número de rollover no está en la fuente de una casa, no se le atribuye a esa casa ni se rellena con el de otra: se describe el paquete por lo que sí se sabe de él y se le dice al lector que las condiciones completas están en la ficha del propio operador. Reclamar un bono tiene consecuencias sobre el saldo, y las consecuencias de una casa no son las de su vecina.

Eso vale también para las promociones que no son de bienvenida. Las cuotas mejoradas, los seguros de parlay y los rembolsos parciales son tipos distintos de oferta y cuestan cosas distintas. Un momio mejorado aplica a un mercado concreto y por un horario concreto; un seguro de parlay devuelve algo cuando falla un tramo, y eso tiene el mismo problema de siempre: para que el seguro valga, la casa tiene que pagar, y la casa ya cobra ese seguro dentro del precio del parlay. Un rembolso en saldo de bono no es un rembolso en dinero. Ninguno de esos productos es un regalo; todos son una forma de mover más volumen por la mesa, y el volumen es justo lo que deja dentro el margen.

Elegir bono, en resumen, es elegir qué tipo de apuesta va a hacer el aficionado durante las próximas semanas. Quien juega sencillas de momio moderado y poca cantidad encontrará que muchos incentivos son decorativos. Quien juega varios partidos al día cumplirá el requisito casi de paso. Y quien apuesta con dinero que necesita la próxima semana debería empezar por el límite de depósito y no por el bono, aunque el bono esté parpadeando en la pantalla de inicio.

La app y el navegador cuestan cosas distintas

Una casa de apuestas con permiso en México se usa de dos maneras: en la aplicación del teléfono o en el navegador de la computadora o del propio celular. La app promete velocidad y notificaciones; el navegador promete no ocupar cuota de datos ni espacio de almacenamiento. Ninguna de las dos es gratis en el sentido que importa aquí: la comodidad de tener el saldo en el bolsillo es también la razón por la que un aficionado apuesta más veces y más rápido de lo que pensaba.

Los datos publicados por las propias casas reflejan esa doble vida. La ficha de la aplicación de Codere México en la tienda de Apple dice que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Son tres datos de una sola ficha, y los tres importan para el costo real del producto: el permiso dice quién responde, el límite de edad dice quién puede entrar, y las políticas de cierre de cuenta dicen cómo se sale alguien que decidió que ya no quiere estar ahí. El aficionado que revisa la ficha antes de instalar encuentra en tres renglones lo que ninguna campaña publica.

Ahí afuera, en el mismo estante de la tienda de aplicaciones, no todo el software es de una casa con permiso. Una app de apuestas que se instala fuera de las tiendas oficiales no pasa por la revisión de la tienda, no lleva los avisos de juego responsable que sí trae la ficha de una casa con permiso, y en el mejor de los casos actualiza cuando quiere. Ese es un costo concreto: los permisos del teléfono que uno no revisó y el saldo que vive en un programa que nadie supervisa.

Lo que la pantalla pequeña cambia en el boleto

El diseño de la app está pensado para el boleto rápido, y ésa es una virtud y una trampa al mismo tiempo. En la pantalla del celular el boleto se arma con un toque, el momio se actualiza en vivo y la apuesta en vivo se pone a un dedo de distancia. La versión de escritorio suele mostrar mejor el desglose: el momio del mercado completo, la advertencia de que el precio se mueve, el resumen de la jugada antes de confirmar. Un aficionado que revisa un parlay de cinco tramos lo entiende mejor en una pantalla grande, y ahí es donde se notan los tramos que no valían la pena.

Para la apuesta en vivo la diferencia pesa más. En el celular, el momio cambia mientras se apuesta, y la app lo actualiza con un salto visible. En el navegador de una computadora conectada a una red doméstica la actualización puede ir más lenta, y una apuesta enviada con un segundo de retraso puede confirmarse a un precio distinto del que estaba en pantalla. Las casas incluyen la advertencia de que el precio puede cambiar antes de aceptar el boleto, y esa advertencia es la única protección real que tiene el apostador en ese instante. Leerla antes de confirmar no es una formalidad.

Hay además una cuestión de cuota y de batería que suena menor y no lo es. El navegador gasta menos datos y menos batería que una app con notificaciones activas, y una app con notificaciones activas es un recordatorio permanente de que hay un partido en curso. Para quien tiene problemas para controlar la frecuencia con la que apuesta, la versión web sin notificaciones es una herramienta de moderación disfrazada de limitación técnica. Es la misma casa, el mismo saldo y la misma cuenta; cambia la cantidad de veces por día que el producto entra en el campo de visión.

Verificación, cuenta y salida

Todo lo anterior ocurre dentro de un proceso que empieza antes de la primera apuesta. Las casas con permiso piden registro, documento de identidad y verificación de identidad antes de habilitar depósitos y retiros; los operadores verifican a sus usuarios y reportan transacciones relevantes a la UIF y al SAT, porque la actividad de juegos con apuestas está considerada vulnerable frente al lavado de dinero. Los documentos exactos que exige cada casa no están fijados en un artículo; cada operador los publica en su propio proceso de alta, y ahí conviene leerlos antes de abrir la cuenta y no después de intentar retirar.

Ese orden tiene una consecuencia práctica que la app esconde bien: el retiro va a una cuenta a nombre del apostador, y una cuenta verificada es una cuenta que ya pasó por el filtro. El aficionado que dejó la verificación para el final descubre el requisito justo cuando quiere cobrar. No es un costo en pesos, es un costo en días, y en un deporte con calendario, los días cuentan.

Para quien apuesta poco, la app de una casa con permiso es cómoda y suficiente, y conviene instalarla solo desde la tienda oficial de su teléfono, leyendo la ficha antes de aceptar. Para quien apuesta en vivo varias veces por semana, la versión de escritorio sigue siendo mejor herramienta y peor recordatorio. Y para quien sospecha que el teléfono le está jugando en contra, la decisión útil no es qué app descargar: es cuántas notificaciones dejar encendidas.

Pronósticos: lo único que se puede calcular antes del silbatazo

Ninguna página honesta sabe quién va a ganar. Lo que sí se puede calcular antes de un partido es cuánto cuesta el boleto que se va a jugar, y esa es la única ventaja real que un aficionado tiene sobre la casa. La casa no adivina mejor: cobra un margen en cada mercado y vive del volumen. El aficionado puede leer ese margen y decidir si el mercado vale lo que cuesta.

El punto de partida es la banca. Un apostador que define de antemano cuánto dinero va a arriesgar en una semana, y no cuánto va a ganar, tiene la mitad del problema resuelto. Ese límite puede fijarse dentro de la cuenta, en las herramientas de juego responsable que las casas publican, y sirve para lo mismo que sirve un límite de depósito: pone un techo a lo que se pierde sin necesidad de ganar ninguna discusión consigo mismo a media noche.

Sobre esa base, la lectura de un momio deja de ser una corazonada. Un momio bajo significa que la casa estima probable ese resultado y que el pago por arriesgar es pequeño; un momio alto, lo contrario. La probabilidad implícita que la casa publica es el inverso del momio, y la suma de esos inversos en un mismo mercado da más de uno: ese excedente es el margen. Un aficionado que quiere comparar dos casas sin abrir cuentas en ambas puede comparar así los momios del mismo mercado, y la diferencia que importa no es la del favorito, es la del resultado que se piensa jugar.

El tamaño de la apuesta y la banca

Aquí aparece la parte que ningún pronóstico arregla. Si un apostador con una banca semanal de 500 pesos juega un boleto de 500 pesos, está arriesgando el 100 % de su banca en un solo resultado, y ninguna lectura del momio hace que eso sea una estrategia. El tamaño de la apuesta se decide antes de conocer el partido, no después. La regla que sobrevive a una mala racha es la que reparte la banca en varias jugadas y no la que busca recuperar lo perdido en una sola.

Hay una razón aritmética, no moral, para esa disciplina. El margen se cobra en cada boleto, y se cobra sobre volumen. Cuanto más grande es la suma de apuestas y cuantas más veces se apuesta, más veces pasa el margen por la mesa. Un aficionado que sobrevive a la racha y sigue apostando siempre está pagando ese peaje. Reducir el número de boletos y concentrar el análisis no es una virtud ascética: es la manera de reducir el total de margen pagado.

Con los parlays pasa lo contrario de lo que promete la intuición. Cada tramo añade el margen de su mercado, y el precio combinado de los tramos se multiplica. El pago de un parlay grande se ve enorme y la probabilidad de acertarlo se encoge más rápido de lo que crece el pago, porque cada mercado que se agrega vuelve a descontar su parte. El parlay no es una apuesta más lista que la sencilla; es la misma apuesta repetida con el costo acumulado. Quien juega combinadas por diversión lo está pagando; quien las juega pensando que son un atajo a la ganancia está pagando por una ilusión bien empaquetada.

Momios que se mueven y apuestas que se enfrían

El precio de un mercado se mueve durante la semana y durante el partido. Una lesión, una alineación, un cambio de sede: todo eso mueve el momio. El aficionado que apuesta con anticipación toma un precio y lo congela; el que espera la apuesta en vivo paga el precio del momento, que puede ser mejor o peor, y en los mercados en vivo el margen suele ser menos generoso que en el mercado previo.

La conclusión práctica es modesta y es la única que sostiene el análisis: antes de jugar, se compara el mismo mercado en dos o tres casas con permiso, se anota el momio y se calcula la probabilidad que ese momio implica. Si la diferencia entre lo que la casa estima y lo que uno estima sobre el partido no es grande, el boleto no tiene por qué existir. Apostar porque hay un partido es el error más común y el más caro, porque añade volumen al peaje sin añadir nada al análisis.

Y una advertencia que no es un pronóstico: un boleto que arriesga el 100 % de la banca en un mercado de la Liga MX no se vuelve más seguro porque el equipo favorito juegue en casa. La probabilidad de acertar es una cosa y el momio es otra, y el momio ya incluye el margen de la casa. Un aficionado que confunde las dos termina creyendo que el problema fue la mala suerte. La mala suerte existe, pero el peaje de la casa se cobra siempre, con suerte o sin ella.

Tipos de apuesta: el mismo partido, precios distintos

Un partido de la Liga MX se puede jugar de muchas formas, y cada forma tiene su propio precio. La diferencia entre las formas no es cosmética: es la cantidad de margen que la casa cobra por el mismo evento, y en algunos casos es el riesgo que el boleto deja fuera.

El mercado más conocido es el del resultado final, con sus tres resultados: gana local, empate, gana visitante. La apuesta sencilla es un boleto a un solo resultado. El hándicap iguala el terreno cuando un equipo es muy superior, sumando o restando goles al marcador para que el mercado exista con dos precios parecidos. El más/menos —el total de goles— no pregunta quién gana, pregunta cuántos goles se anotan, y es el mercado que suele tener dos resultados claros. En cada uno de ellos el aficionado paga el margen del mercado que eligió, y no el del partido.

Sencilla, combinada y el boleto que arma el usuario

La apuesta sencilla es un boleto a un resultado. La combinada —el parlay— junta varios resultados en un solo boleto y multiplica los momios de los tramos para dar un precio total. Ese precio combinado es el que hace que un boleto de diez pesos se vea como un boleto de mil, y es también la razón por la que las combinadas grandes son el producto más vendido y el que peor paga en promedio: el precio crece multiplicando y la probabilidad cae multiplicando.

Hay una razón aritmética que se ve mejor con dos tramos que con diez. Si se suman dos momios de 1,90 en un parlay, el precio combinado es 3,61. La probabilidad implícita de cada tramo al momio 1,90 es un poco más de la mitad; multiplicadas, la probabilidad del boleto completo queda por debajo de un tercio, mientras que el precio se queda lejos del doble. Esa asimetría es el margen de dos mercados cobrado una vez cada uno, y no un regalo por arriesgar los dos. No es una opinión sobre el partido: es la estructura del producto.

El boleto, por lo demás, es lo que el aficionado ve y lo que la casa procesa. El momio que aparece cuando se arma la jugada no siempre es el momio al que se confirma el boleto; las casas avisan que el precio puede cambiar antes de aceptarlo, y en un parlay ese aviso pesa más porque basta con que se mueva un tramo para que el conjunto cambie.

El abanico ancho y su precio

Las casas cubren una cantidad enorme de mercados: resultado, hándicap, totales, córners, tarjetas, goleadores, marcadores exactos, mitades, estadísticas de jugadores. Más mercados no significan mejor precio. Los mercados secundarios suelen llevar un margen más grueso que los principales, porque son más difíciles de modelar y atraen menos dinero. El mercado donde la competencia entre casas se siente de verdad es el del resultado final de un partido grande, y ahí es donde vale la pena comparar; en los mercados exóticos, una diferencia de un par de puntos porcentuales en el precio es lo normal, y es dinero del aficionado.

El catálogo de apuestas también incluye el retiro anticipado —lo que las casas llaman cash out— que permite cerrar un boleto antes del final. La liquidez de ese cierre no es gratuita: el precio que la casa ofrece para salir de una posición viva es un precio que la casa fija, y en esa fijación va su comisión. Un cash out en un partido que va bien da menos de lo que daría esperar hasta el final, y ahí está el costo de la comodidad.

Y están las cuotas que se mueven en el minuto. La apuesta en vivo es el mismo partido con el precio del momento; el margen que la casa cobra en un mercado en vivo, con la pelota en juego, suele ser mayor que el del mercado previo, porque modelar en tiempo real es más caro para la casa y más cómodo para el apostador. Esa comodidad la paga el precio.

Deportes y torneos: dónde el calendario decide el boleto

Un catálogo de deportes no es una lista de posibilidades, es un mapa de cuándo se puede apostar y cuánto tiempo hay que esperar para cobrar. En México el eje es el futbol: la Liga MX llena la semana con partidos que ya se conocen de memoria, la Copa MX arma cruces de eliminación directa donde el empate sirve o no sirve según la ronda, y la Selección Mexicana mueve el interés como ningún otro equipo. Alrededor, la NBA ocupa las noches de invierno, el boxeo llena sábados con un calendario irregular y la Champions League aparece en horario de tarde europea, que en México es todavía de día.

El calendario tiene un costo que no está en el boleto. Una apuesta en vivo en la Champions League puede jugarse a media tarde en el centro de México, mientras un partido de la NBA se sigue a medianoche. Un aficionado que apuesta a partidos nocturnos extranjeros está pagando con horas de sueño y apostando con menos información que quien vio el partido antes de decidir. Ese detalle no aparece en ningún rollover y destrozó a más de un presupuesto.

El torneo que se viene y el que ya pasó

La Copa del Mundo de 2026 ya se jugó, entre junio y julio, y eso cambia el papel del torneo en una página de apuestas: ya no es un pronóstico pendiente, es un dato cerrado. Lo que queda de un Mundial, en términos de apuestas, es su calendario: los mercados de torneo —quién queda campeón, quién llega a la final, quién es el goleador— se cierran, y el catálogo vuelve a apoyarse en el futbol mexicano y en las ligas extranjeras que se transmiten durante la temporada.

Las competiciones nacionales siguen ahí con su propia forma de pagar. La Copa MX, por ser un torneo de eliminación, hace que el empate signifique cosas distintas en cada ronda, y un mercado de resultado final mal leído en un partido a eliminación es un boleto que se apaga solo. En el hipódromo, el galgódromo y el frontón funciona el cruce de apuestas, el formato de apuestas mutuas donde el premio depende de lo que puso el resto de los jugadores: es el único terreno mexicano donde el precio no lo fija la casa, lo fija la cantidad de dinero repartido entre los que acertaron, y por lo tanto el interés del aficionado es el que cobra. El Reglamento federal prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, sin fijar una edad numérica.

La agenda como herramienta de costo

Un buen uso del calendario es elegir cuándo no apostar. Los mercados de resultado final de los partidos grandes —los que todos ven— concentran la competencia entre casas y suelen traer mejores precios, porque cada casa quiere estar en la primera pantalla del aficionado. Los partidos de ligas menores en horarios intempestivos tienen mercados más gruesos y menos dinero. Apostar en la Champions un martes por la tarde es más barato, por puro efecto de la competencia, que apostar en un partido de relleno un domingo por la noche.

En torneos de selección el aficionado mexicano tiene un hábito que le costaba caro: esperar el momento de la fiebre para abrir cuenta. Abrir la cuenta y verificar la identidad a un día del partido es lo más caro de todo, porque el depósito puede tardar, la verificación puede requerir documentos que no están a mano y el bono que se quería reclamar puede haber cambiado de condiciones por volumen de gente. El calendario de un torneo se conoce con meses de anticipación. Ese es justamente el tiempo que vale la pena usar.

Cómo se hace, paso por paso, y qué cuesta cada paso

El procedimiento en México tiene un orden que no conviene alterar. Se elige una casa, se revisa que su permiso corresponda al permisionario que opera el sitio, se abre la cuenta, se verifica la identidad, se define el límite de depósito y solo entonces se deposita. Invertir los últimos dos pasos —depositar primero y poner límites después— es la manera más común de empezar mal.

La elección de la casa empieza por el permiso y no por el bono. El fundamento mexicano es un permiso de la Secretaría de Gobernación otorgado a un permisionario, y una casa que opera en el país pertenece a un permisionario que ya tiene un permiso, no a una marca extranjera con un número propio. La pregunta útil en la ficha del sitio no es “¿tiene licencia?” sino “¿qué permisionario sostiene esta operación y qué permiso tiene?”, y el mismo permisionario opera varias marcas a la vez.

El depósito se hace por los canales que la casa publica: tarjeta, transferencia bancaria por SPEI, o una ficha en efectivo en tiendas como OXXO. Las casas mexicanas también operan con métodos locales y con retiros hacia una cuenta a nombre del apostador. Ese es el filtro. Un retiro a una cuenta a nombre de otra persona no es un detalle administrativo: es una alerta sobre el control de identidad de la casa.

Depósito, retiro y el peso del nombre

Mandar dinero a una casa con permiso es distinto, en términos prácticos, de mandarlo a una casa sin permiso. La casa con permiso tiene permisionario identificable, controles de identidad y de lavado de dinero, y un CFDI de retenciones cuando el premio está gravado. La casa sin permiso no tiene ninguna de esas cosas y no está sujeta a la vigilancia del regulador mexicano. En un país donde la búsqueda del permiso de una casa es un ejercicio de paciencia porque la lista oficial de la autoridad no está disponible de forma abierta, esa diferencia no es ideológica: es la diferencia entre saber con quién se está tratando y no saberlo.

Los retiros se hacen hacia una cuenta a nombre del apostador, y las casas publican sus plazos. Ahí el aficionado descubre si la verificación fue completa, si los documentos están vigentes y si el medio de depósito es uno de los que la casa permite para cobrar. Muchas casas exigen que el retiro vuelva por el mismo canal del depósito o a una cuenta del mismo titular, y esa regla existe para cumplir con el control de identidad, no para molestar.

El otro peso que entra en este paso es fiscal. Un premio cobrado puede llevar retención, y las casas la retienen al pagar. El detalle está en la sección fiscal de esta guía, y la consecuencia es directa: lo que llega a la cuenta puede ser menos que el número que apareció en el boleto, y el comprobante de esa retención se emite aparte.

El límite, el plazo y la cuenta que se cierra

Antes de depositar conviene saber cómo se sale. La cuenta se cierra por decisión del aficionado o por decisión de la casa, y las políticas de cierre forman parte de lo que la casa publica. Un cierre voluntario con saldo dentro exige cumplir con los requisitos de apuesta pendientes y retirar el saldo retirable, y las casas suelen pedir que se cierre cualquier bono abierto antes. Ese es el momento en que el rollover se convierte en un candado: el aficionado que quiere irse descubre que el saldo del bono sigue atado hasta cumplir el volumen.

El procedimiento completo, de principio a fin, tiene un costo en tiempo que conviene presupuestar la primera vez. Registro, verificación, primer depósito, primer boleto y primer retiro. En la segunda vuelta el camino es corto, porque la verificación ya está hecha. Un aficionado que abre su primera cuenta la semana en que quiere apostar a un partido concreto está pagando ese trámite con prisa, y la prisa es lo que lleva a aceptar términos que no se leyeron. Abrir la cuenta dos semanas antes es gratis y evita la mitad de los problemas.

Los criterios y la comparación de plataformas

Cualquier lista de páginas de apuestas se ordena por algo, y el orden importa más que los nombres. En esta página el orden es el costo: qué exige cada plataforma antes de que el dinero del aficionado sea suyo, y qué respaldo tiene cuando algo sale mal. La comodidad, el tamaño del catálogo y la velocidad de la app entran después, porque son cualidades que se comprueban en una tarde, mientras que un rollover o un permiso se comprueban cuando ya hay dinero dentro.

Un primer criterio es el respaldo legal. Cada casa de esta lista opera con un permiso de la Secretaría de Gobernación sostenido por un permisionario, y el número que publica cada una viene de su propio pie de página o de una compilación de sitios de comparación, sin confirmación oficial. El registro oficial no pudo abrirse al momento de esta revisión, así que ningún número de la tabla se presenta como confirmado por la autoridad. Eso no convierte los números en falsos; convierte la verificación en tarea del aficionado, que puede pedir la documentación a la casa antes de depositar.

Un segundo criterio es el costo del incentivo. Un bono grande con un requisito de apuesta alto cuesta más de lo que promete, y un bono chico sin requisito publicado puede costar más todavía, porque nadie sabe qué se está aceptando. Aquí no se copia el rollover de una casa a otra: cada paquete se describe con lo que su propia ficha publica, y donde un dato no está, la línea de la tabla lo dice en vez de inventarlo.

Un tercer criterio es la salida. Una casa que publica un proceso claro de retiro, que respeta el nombre del titular y que emite comprobante de retenciones es una casa con la que se puede tratar a largo plazo. Una casa que gana en bono y pierde en salida no es una ganga, es un problema diferido.

La tabla de comparación

Marca Estatus de permiso SEGOB según la fuente citada (no confirmado oficialmente) Lo que dice la ficha del permiso
Novibet Permiso DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx Titular: Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V.
Betcris Número no impreso: el del pie de página de la marca y el de la tabla del titular difieren Titular: Producciones Móviles, S.A. de C.V.
Codere Permisos DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según un sitio especializado Titular: Libros Foráneos S.A. de C.V. (Codere México)
Caliente Permiso DGG/SP/404/97, del pie de página de la propia marca Titular: Tecnología en Entretenimiento Caliplay, S.A.P.I. de C.V.
Strendus Permisos DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx Titular: Atracciones y Emociones Vallarta / New Ads (las compilaciones difieren)
Playdoit Permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx Titular: Eventos Festivos de México
Betway Permiso 4184, según casasdeapuestaslegales.mx Titular: Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V.
1xBet Permiso DGJS/0002/2020, según Apuestas-legales.com.mx, que tampoco pudo confirmar el dominio 1xbet.mx; la tienda de aplicaciones lista la app a nombre de 1XCorp N.V., distinta del titular citado Titular: Entretenimientos Naturales
Pickwin Número no impreso: las fuentes se contradicen; el número que da una compilación es el que el pie de página de Betcris muestra para Producciones Móviles Titular: Producciones Móviles S.A. de C.V., con Unocapali La Paz Operadora

La dispersión de la columna del medio tiene una explicación que no es un misterio. Los permisos son intransferibles: el marco normativo establece que no pueden gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. Por eso una marca extranjera no compra un permiso, se arrima a un permisionario que ya lo tiene, y por eso el mismo permisionario puede sostener varias marcas con números distintos en cada compilación. Cuando el pie de página de una marca y la tabla de un compilador muestran números distintos para la misma sociedad, no hay contradicción legal: hay dos documentos que describen una relación que ninguno de los dos publica completa.

Y por eso la última columna de la tabla es la que hay que leer despacio. El nombre del titular es lo que permite al aficionado entrar a una conversación con la casa con una pregunta concreta: qué permiso sostiene esta operación y a nombre de quién está. Un número sin titular es un número que nadie puede cruzar. El aficionado que pide los dos datos antes de depositar ya hizo más verificación que la mayoría.

El panorama del mercado mexicano

La fotografía de las apuestas en México tiene tres capas que conviene distinguir: la ley que no ha cambiado, los permisos que existen pero no se pueden listar de forma abierta, y las marcas que operan bajo esos permisos. Las tres van en direcciones distintas y eso explica casi todas las rarezas del mercado.

La ley es de 1947. La Ley Federal de Juegos y Sorteos data del 31 de diciembre de ese año y no menciona las apuestas en línea, porque en 1947 no había internet. Su Reglamento sí fue reformado, el 16 de noviembre de 2023, y de esa reforma sale el marco que hoy se aplica: autorización, control, vigilancia e inspección de los juegos con apuestas y sorteos, con competencia federal y con la Lotería Nacional fuera del alcance del Reglamento.

Esa combinación —ley vieja y reglamento nuevo— produce el vocabulario que confunde a los apostadores. En México el fundamento para operar apuestas es un permiso de la Secretaría de Gobernación, un acto administrativo temporal otorgado a un permisionario, y no una “licencia”. El Reglamento define además la apuesta como dinero en moneda nacional arriesgado en un juego permitido. Son dos palabras que describen dos cosas distintas: la marca tiene un sitio con su nombre y un logotipo, y el permiso lo tiene una sociedad que existe en papel.

La segunda capa es la de los permisos que existen y no se pueden verificar por fuera. No pudimos abrir el registro de la Dirección General, y la Dirección General es justamente la autoridad que autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos. En mayo de 2026 un diputado pidió a la Secretaría de Gobernación un registro público y abierto de los permisos de apuestas y casinos, y hasta octubre de 2026 no se había podido abrir una lista oficial completa. Los conteos de sitios de apuestas que circulan en la prensa se contradicen entre sí, así que aquí no se publica ninguno. Un conteo que cambia según quien lo haga no informa al lector, lo desorienta.

La tercera capa son las marcas. Bajo el régimen mexicano un permisionario opera varias marcas: Producciones Móviles sostiene Betcris y Pickwin, y Caliplay opera Caliente. Ese modelo explica por qué la huella de un permiso no se encuentra en el sitio de la marca: la marca es la cara comercial de una estructura en la que el permiso pertenece a otra sociedad. No es una irregularidad por sí misma. Es la forma que tomó el mercado cuando ninguna ley nueva le dio un permiso digital propio.

Lo que un aficionado obtiene al entender esto

Entender que el permiso se otorga a un permisionario cambia la pregunta que hay que hacer. No es “¿esta marca es de fiar?”, es “¿qué sociedad sostiene este sitio y con qué permiso?”. Esa pregunta tiene respuesta en muchos casos: en el pie de página de la casa, o en las compilaciones de casas de apuestas legales que revisan el mercado. Y tiene una respuesta definitiva solo en la documentación de la autoridad, que hoy no es fácil de consultar.

El panorama, además, cambia rápido en un punto concreto: los bloqueos. En noviembre de 2025 la UIF identificó trece casinos y congeló cuentas, y bet365 y Betano, del grupo de Ricardo Salinas Pliego, quedaron deshabilitadas. En diciembre de 2025 un tribunal colegiado les permitió solo publicar contenido informativo ajeno a las apuestas. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, pero el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, incluidos betano.mx y bet365.mx, y en octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la Secretaría de Gobernación contra ambas marcas, según una sola fuente. En 2026 también se cerraron alrededor de veinte casinos físicos. Con ese historial, ningún estado se puede escribir aquí como “abierto hoy”: se escribe con su fecha, y punto.

Ninguna marca de las revisadas en esta página está en esa situación. Las dos que sí lo estuvieron —bet365 y Betano— no aparecen en la comparación porque no operan de forma estable en México al momento de esta revisión. Y eso deja una lección de mercado que no es un detalle: una marca grande, conocida y con años de operación puede quedar congelada. La cobertura de una casa no es una póliza; el permiso sostenido por un permisionario mexicano sí es un documento con el que se puede reclamar ante una autoridad del país.

La legalidad mexicana, artículo por artículo

La regla que ordena todo lo demás está en el artículo 2 del marco legal: la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida. México no es un país que autorice por defecto y restrinja por excepción; es un país que prohíbe y autoriza caso por caso. La Secretaría de Gobernación interpreta y aplica la ley en el ámbito administrativo, y la Dirección General autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos.

De ahí sale la primera consecuencia para el aficionado. Apostar en un sitio que no opera bajo un permiso vigente no es apostar en un mercado paralelo con otras reglas: es usar un servicio que el Reglamento tiene por prohibido. La ley de 1947 faculta a la Secretaría de Gobernación a clausurar establecimientos no autorizados, y la autoridad ha reforzado sus facultades para bloquear dominios y aplicaciones sin permiso. Lo que la ley no fija con claridad es qué sanción recibe el apostador que juega en un sitio sin permiso, y como no lo fija, aquí tampoco se afirma ni se exonera a nadie.

Los tipos de permiso que existen para apuestas

El Reglamento prevé tipos concretos de permiso. Los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos son los que corresponden a apuestas a distancia; además, los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. No hay un permiso digital independiente: los sitios en línea se apoyan en el permiso de un permisionario que opera con presencia física, y esa es la razón estructural por la que la marca y la sociedad permisionaria no coinciden.

Hay obligaciones que acompañan a esos permisos y que le importan al aficionado porque son el respaldo de su saldo. Los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros, reportar sospechas de delincuencia organizada o lavado de dinero y constituir una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Esa fianza es la parte más interesante del paquete. Una casa que un día deja de pagar tiene detrás una garantía calculada sobre su volumen de premios, y ése es un respaldo que ningún sitio sin permiso puede ofrecer.

La otra cara de la moneda es que los permisos son intransferibles: no pueden gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. El permisionario no puede pasarle el permiso a la marca extranjera que opera el sitio; la relación tiene que sostenerse de otra manera. Para el aficionado eso significa que el nombre comercial nunca es el titular, y que la verificación útil es la del permisionario.

Edad, identidad y las herramientas de protección

El Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica. Ese hueco lo llenan las casas a su manera: la ficha de la app de Codere México limita el uso a mayores de 18 años y el pie de página de Caliente señala que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad. El dato de 18 años es una condición que las marcas publican sobre sí mismas, no un número que la ley mexicana de apuestas fije, y esa diferencia importa cuando alguien pregunta qué edad exige la ley: no la exige, la deja a la autoridad y a las casas.

En identidad funcionan los controles de siempre: las casas verifican a sus usuarios y reportan operaciones relevantes a la UIF y al SAT, porque el juego con apuestas es una actividad vulnerable frente al lavado de dinero. Los documentos exactos que se exigen no están fijados en un artículo; cada operador publica su proceso. La verificación de identidad no es un trámite decorativo: es lo que permite que el retiro llegue a una cuenta a nombre del titular y lo que impide que alguien use un saldo con identidad prestada.

No existe un registro nacional de autoexclusión en México. La autoexclusión voluntaria opera dentro de cada casa, con las herramientas que la propia casa ofrece: pausas, límites de depósito y cierre de cuenta. La iniciativa que propone abrogar la ley de 1947 plantea mecanismos de autoexclusión, una edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso, y es una propuesta, no una norma en vigor. También se ha pedido un registro nacional en la discusión pública, y hasta ahora no existe. El aficionado que quiera usar una autoexclusión tiene que hacerlo casa por casa, y por eso conviene saber de antemano cuáles son las casas donde tiene cuenta.

Publicidad, reforma y lo que todavía no es ley

La Secretaría de Gobernación terminó en octubre de 2026 la revisión interna de una propuesta para sustituir la ley de 1947 y la envió al Gabinete de Seguridad. No se ha presentado al Congreso y no es ley. Esa frase hay que repetirla cada vez que alguien anuncie la reforma como un hecho, porque en el mercado mexicano los anuncios de reforma llevan años circulando sin que ninguno se convierta en texto vigente.

Lo mismo pasa con la publicidad. En los artículos del Reglamento que se consultaron no hay una regla federal de publicidad de apuestas. Los reportes sobre horarios permitidos, sobre influyentes y deportistas, sobre la prohibición de anuncios en transmisiones deportivas y sobre la prohibición de bonos de bienvenida describen iniciativas, no ley. Y no hay una norma estatutaria sobre bonos. Ésa es la razón por la que la página trata el costo del bono como un asunto de contrato privado: lo fija la casa, no la ley, y por eso hay que leerlo.

La última pieza del marco es el impuesto, y aquí conviene separar las dos capas. Sobre el operador pesa el IEPS a los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso, de 50 % desde el 1 de enero de 2026, reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de noviembre de 2025; antes era de 30 %. La base del impuesto no está establecida en el texto que se consultó: el texto dice “valor de la actividad”, la prensa habla de “monto total apostado”, y por eso aquí no se escribe ni “50 % de lo apostado” ni “del ingreso bruto”. Sobre el apostador pesa la retención del ISR, y ese detalle tiene su propia sección.

Impuestos y cumplimiento fiscal: lo que la casa retiene

Un premio no llega íntegro a la cuenta. El artículo 138 de la Ley del ISR prevé una retención de 1 % sobre premios cuando el impuesto estatal no excede de 6 %, y de 21 % si el impuesto estatal es mayor. Quien paga el premio retiene el impuesto, es decir, la casa, y el aficionado recibe el neto. En la Ciudad de México existe un impuesto estatal de 6 % sobre los premios, y los reportes secundarios apuntan a una carga total cercana a 7 %; en Nuevo León se gravan los montos apostados, lo que muestra que el mapa estatal no es uniforme.

La retención es un pago definitivo solo si la persona presenta la declaración que debe presentar cuando está obligada; si no la presenta, el ingreso se acumula y la retención se acredita. Esa frase es la diferencia entre un trámite y un problema. La casa emite un CFDI de retenciones cuando el premio está gravado, y ese comprobante es el documento con el que el aficionado puede sostener su posición ante el SAT. Los premios que superan los 600,000 pesos en un año deben reportarse en la declaración anual, según reportes secundarios.

Los dos pesos del impuesto en un premio

Vale la pena traducir la retención a un caso concreto, porque el porcentaje se lee muy distinto cuando se ve en pesos. Un premio de diez mil pesos con retención de 1 % deja 9,900 pesos al aficionado. El mismo premio en una jurisdicción donde el impuesto estatal supera el 6 % deja 7,900 pesos. La diferencia entre esos dos resultados no depende del boleto, ni del momio, ni del acierto: depende del domicilio fiscal de la operación, y es la razón por la que el mismo premio puede valer casi mil pesos más o menos sin que el apostador haya hecho nada distinto.

Ahí hay una asimetría que se repite en todo el mercado mexicano. El margen de la casa se cobra siempre; el impuesto se cobra solo cuando se gana; y el rollover se cobra antes de que se pueda cobrar nada. Los tres costos tienen momentos distintos y los tres se sienten distintos. El aficionado que sólo mira el momento del cobro es el que se sorprende.

Sobre los premios obtenidos en sitios sin permiso, el artículo 137 de la Ley del ISR habla de premios “autorizados legalmente”, y el tratamiento de un premio obtenido en un sitio sin permiso no está establecido. Ese es un caso para consultar a un contador o asesor fiscal. Aquí no se inventa una posición ni se promete que no pasa nada.

Y una advertencia sobre el tamaño real del cobro: el impuesto no es el único descuento. Al premio de un boleto todavía le falta descontar lo que costó el boleto y el margen que ya venía dentro del momio. Un premio de diez mil pesos ganado con un boleto de mil pesos no es una ganancia de diez mil: es una ganancia de nueve mil menos lo retenido, y eso sin contar lo que costó llegar hasta ahí.

Juego responsable: lo que cuesta no tener un registro

En México la protección del apostador depende de la casa, no del Estado. No existe un registro nacional de autoexclusión, no se encontró un límite estatutario de depósito o de pérdida, y no hay una cuenta temporal prevista en la normativa. Lo que existe son las herramientas que cada casa pone dentro de su producto: pausas, límites de depósito, límites de pérdida y el cierre de cuenta.

Ese diseño tiene un costo concreto. Una autoexclusión hecha casa por casa deja al aficionado cubierto donde se autoexcluyó y descubierto en todas las demás, y el mercado mexicano tiene muchas casas con permiso. La persona que decide tomar distancia de las apuestas tiene que recorrer cada cuenta que abrió, una por una, y acordarse de todas. Un registro nacional haría ese trabajo de una sola vez; hoy no existe, y quien lo necesite debe asumir la tarea completa.

Las herramientas que sí existen y cómo se usan

Las herramientas de la casa funcionan con un orden que conviene respetar. El límite de depósito se fija antes de depositar y limita cuánto dinero entra a la cuenta en un periodo; es la herramienta más efectiva para un presupuesto chico, porque ataca el problema en la entrada y no en la salida. El límite de pérdida limita cuánto se puede perder en un periodo, y suele ser más difícil de fijar por adelantado porque nadie planea perder. La pausa es una suspensión temporal del acceso, y el cierre de cuenta es la salida definitiva, con el detalle de que un saldo de bono pendiente puede retrasarla.

La ficha de la aplicación de Codere México incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta, y el pie de página del sitio de Caliente pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. Son dos ejemplos de cómo esas herramientas se publican: en la ficha de la tienda de aplicaciones y en el pie de página del sitio, es decir, en lugares que el aficionado ve antes de depositar si se toma treinta segundos para leerlos.

El hábito que más rendimiento tiene es el más aburrido: fijar el límite de depósito la primera vez que se abre la cuenta, cuando el saldo es cero y nadie está caliente por una racha. Fijarlo después de una pérdida es pedirle a la persona que acaba de tomar una mala decisión que tome una buena en el mismo minuto.

Del límite al problema de fondo

Un límite de depósito resuelve la mitad del problema, y hay que decir cuál mitad. Limita el dinero que entra, no el tiempo que se pasa dentro. Un aficionado puede respetar su límite semanal y aun así pasar cuatro horas al día en apuestas en vivo con apuestas pequeñas; el daño no siempre es monetario y los indicadores no siempre están en el saldo.

En ese terreno las herramientas de la casa son más débiles. La pausa y el cierre de cuenta son las únicas que cortan el acceso, y ambas son decisiones que el aficionado ya tiene que estar en condiciones de tomar. Si el problema está en la frecuencia y no en el monto, la salida más simple es bajar la fricción: quitar las notificaciones, desinstalar la app del teléfono y usar el sitio en el navegador cuando se decida apostar, no cuando el teléfono avise. Para quien sospecha que el problema es más grande, la conversación que sirve es con un profesional de la salud y no con un chat de atención a clientes, y en México la línea de ayuda en materia de juego responsable no es un servicio público con número propio establecido.

Hay un dato que ilustra bien el estado del tema. La iniciativa para abrogar la ley de 1947 propone mecanismos de autoexclusión, una edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso, y todo eso sigue siendo una propuesta. México ha discutido la protección del apostador durante años y sigue sin un registro que funcione, sin una edad estatutaria y sin límites fijados por ley. Lo que hay es un conjunto de herramientas voluntarias, y las herramientas voluntarias son una buena respuesta para quien ya decidió moderarse y una respuesta débil para quien todavía no lo decidió.

Criptomonedas: el hueco que aquí nadie llena

Apostar con bitcoin en México es una pregunta sin respuesta oficial. No existe una norma en el marco legal que trate las monedas digitales, y no está establecido que las casas con permiso acepten criptomonedas. Las casas reguladas publican sus métodos de depósito y retiro en sus propios términos, y lo que se ve en ellos son los rieles del sistema financiero mexicano: tarjeta, transferencia bancaria por SPEI, fichas en efectivo en tiendas de conveniencia, monederos electrónicos. Las criptomonedas no aparecen en ese cuadro.

Eso no significa que no existan sitios que las acepten. Significa que los sitios que las aceptan no están en el grupo de los que operan bajo un permiso mexicano identificado. La distinción es importante porque en cripto hay un incentivo adicional, y es el anonimato. Un aficionado que busca apostar con bitcoin suele buscar dos cosas a la vez: pagar sin pasar por un banco y no dejar rastro de identidad. La primera es una preferencia razonable; la segunda choca con todo lo que el marco mexicano exige a una casa con permiso, que es justamente identificar a su cliente y reportar operaciones relevantes.

Lo que se pierde cuando se gana el anonimato

El aficionado que se va a un sitio cripto para no dar sus datos está comprando anonimato con la pérdida de todo lo demás. No hay permisionario mexicano identificable, no hay autoridad mexicana ante la cual reclamar, no hay CFDI de retenciones y no hay obligación de rendir cuentas auditadas. Un saldo en un operador sin permiso puede congelarse, y los bloqueos de 2025 y 2026 en México mostraron que las cuentas de jugadores quedan atrapadas en medio de una disputa que no es suya.

El pseudonimato de una cadena pública es además engañoso en los extremos. Las transacciones quedan registradas de forma permanente y pública; lo que se protege es el nombre, no el movimiento. Y en el punto de entrada y de salida —comprar la moneda, venderla— el aficionado vuelve a toparse con un intermediario que sí pide identificación. El anonimato completo no existe; existe un anonimato parcial que se paga con la pérdida de respaldo.

Para un aficionado con permiso al que le interesa la velocidad de un depósito, los rieles locales son suficientes: una transferencia por SPEI acreditada y una ficha en efectivo en OXXO cubren la mayoría de los casos sin salir del sistema que la casa declara. La moneda digital no resuelve ningún problema que un aficionado mexicano tenga hoy con una casa que opera bajo permiso, y sí le quita el respaldo que ese permiso le da. Ésa es la comparación completa, y no se cierra con una promesa de privacidad.

Los nueve operadores con permiso, uno por uno

Las casas que siguen operan en México bajo un permiso de la Secretaría de Gobernación sostenido por un permisionario. El registro de la autoridad no pudo abrirse al momento de esta revisión, así que los números de permiso provienen del pie de página de cada marca o de la compilación de un sitio de comparación, y se presentan como tales, sin confirmación oficial. Esta lista no es una recomendación ni agota el mercado: una marca ausente de la lista no está por eso sin permiso.

1. Novibet: el permiso con titular claro

Novibet aparece con un permiso DGJS/DCRCA/1121/2020 según la compilación de sitios legales, y con un titular identificado: Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. Esa dupla —número y sociedad— es lo que permite una verificación real, y es lo que hace que este renglón se lea distinto que los dos que no tienen número impreso. El registro del permiso procede de una fuente que lo compila, no del sitio de la marca, y la lista de la autoridad no está abierta, así que la confirmación de la autoridad queda pendiente.

Para el aficionado que está armando su primera cuenta, esa trazabilidad es más útil que cualquier bono: se puede escribir a la casa, pedir el documento y tener a quién reclamar si algo se tuerce. Nadie apostaría por la elegancia del pie de página de un operador. Pero cuando el saldo está dentro, la cadena número-titular es lo único que queda en pie.

El catálogo de deportes, los momios y las condiciones del bono son cosa de la ficha de la propia marca, y ahí es donde conviene gastar la tarde antes de depositar. La ventaja comparativa de Novibet en esta lista no está en lo que ofrece, está en lo que permite comprobar. Eso es poco glamoroso y bastante valioso.

2. Betcris: el pie de página que no cuadra con la tabla

Betcris es el caso que obliga a escribir con más cuidado. El pie de página del propio sitio muestra un permiso a nombre de Producciones Móviles, S.A. de C.V., sociedad que opera junto con Paradise Riviera Gaming, S.A. de C.V. según el oficio DGJS/405/2018; la compilación del titular muestra otro número para la misma sociedad. Los dos documentos describen la misma relación y ninguno la publica completa, así que el número de permiso de esta marca no se imprime aquí. La empresa del sitio es TV Global Enterprises Ltd., con una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008 vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026.

Esa doble condición es lo más interesante de Betcris y lo que un aficionado debe entender bien. La marca opera con un permiso mexicano sostenido por un permisionario y, a la vez, con una licencia de otra jurisdicción a nombre de otra sociedad. Una licencia extranjera no es un permiso mexicano y no confiere nada ante la autoridad mexicana; el respaldo local lo da el permisionario. Pero tampoco es un papel decorativo: dice quién es la empresa detrás del sitio.

La pregunta que resuelve el caso es a quién se le reclama. Para una reclamación sobre una apuesta, el permisionario mexicano es el responsable ante la autoridad del país. Para saber quién opera el software, la pista está en la sociedad extranjera. Ninguna de las dos respuestas sustituye a la otra, y una casa con dos capas de licencia no es por eso el doble de segura: es una empresa con dos interlocutores, y el aficionado tiene que saber cuál le sirve para qué.

3. Codere: la app con el permiso escrito en la ficha

Codere es la casa que mejor documenta sus propios límites en el lugar menos revisado. La ficha de su aplicación en la tienda de Apple dice que opera con permiso de la Secretaría de Gobernación, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta: un resumen del producto en tres renglones que la mayoría de los apostadores nunca lee. Los permisos que se le atribuyen son DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, con Libros Foráneos S.A. de C.V. (Codere México) como titular, según Apuestas-legales.com.mx, y sin confirmación de la autoridad.

Hay una razón para poner la ficha de la tienda al mismo nivel que el pie de página del sitio. La ficha es el documento que un aficionado ve antes de instalar, y en el caso de Codere es la fuente que declara el permiso, la edad mínima y la existencia de políticas de cierre. Que esos tres datos estén en la ficha no los convierte en confirmación oficial. Los convierte en información a la vista del usuario, y eso ya es más que lo que ofrecen varias casas de la lista.

La marca mantiene dos permisos en el registro compilado, ambos a nombre de la misma sociedad, lo que sugiere una operación de varios años en el país. Para un aficionado que valora la continuidad más que un bono de temporada, ese detalle pesa. Y para quien lee las fichas, la de Codere es la que más rápido le dice qué está aceptando.

4. Caliente: el permiso que la propia marca publica

Caliente es la única casa de esta lista cuyo número de permiso aparece en el pie de página de su propio sitio: DGG/SP/404/97, presentado como autorización de la Secretaría de Gobernación. La operadora del sitio es Tecnología en Entretenimiento Caliplay, S.A.P.I. de C.V., la sociedad que el mercado identifica con Grupo Caliente. El número, por su formato, es viejo, y ese detalle dice bastante: una casa que lleva décadas operando en México tiene un permiso con historia y no una página web con un logo.

El pie de página de Caliente indica además que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide diversión con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. La combinación es la misma que aparece en otras marcas: un aviso de edad, un llamado a la moderación y una puerta a las herramientas de protección. En el diseño de la página, esos avisos están en el lugar donde las campañas no miran.

El valor de Caliente en esta comparación es la antigüedad de la huella. Un permiso de 1997 sugiere continuidad administrativa y un permisionario con presencia física. No dice nada sobre los momios ni sobre el catálogo, que son cosa de la ficha de cada mercado. Dice que la operación lleva tiempo y que el respaldo tiene forma de sociedad mexicana identificable.

5. Strendus: tres números, dos versiones del titular

Strendus acumula permisos DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021 según casasdeapuestaslegales.mx, con una discrepancia en el titular: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads, según la compilación que se consulte. Ninguna de las dos versiones se imprime aquí como la definitiva, y la confirmación de la autoridad sigue pendiente.

Tres números de permiso para una sola marca no son un problema en sí. Pueden ser ampliaciones, renovaciones o permisos por tipo de juego, y el Reglamento contempla tipos distintos para apuestas a distancia. Lo que no se puede hacer desde fuera es decidir qué permiso cubre qué. El aficionado que quiera claridad aquí tiene que ir a la casa con una pregunta muy específica: qué permiso sostiene la operación en línea y qué permiso corresponde a la actividad física del permisionario.

La discrepancia sobre el titular es menos grave de lo que parece y más incómoda de lo que suena. Significa que dos compiladores leyeron documentos distintos, o el mismo documento con años distintos. Significa, sobre todo, que la verificación por vía de terceros tiene un límite claro, y que ese límite solo se cruza con documentación de la casa o de la autoridad. Para el aficionado que no va a pedir papeles, la conclusión práctica es no dar por sentado que dos listas dicen lo mismo.

6. Playdoit: un permiso en el formato de los años dos mil

Playdoit aparece con el permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005 y Eventos Festivos de México como titular, según casasdeapuestaslegales.mx. El formato del número es el de la familia de permisos de mediados de los años dos mil, la misma que aparece en la documentación de Producciones Móviles, y ese detalle de formato es útil: los permisos mexicanos se leen por su nomenclatura, y una nomenclatura antigua señala un permisionario establecido.

Ese es el tipo de observación que un aficionado puede hacer solo, sin acceso a ningún registro. La estructura del número de permiso revela la época y la oficina que lo emitió, y comparar dos números dice si una casa lleva veinte años en el país o llegó la temporada pasada. No es una garantía de nada, pero es un dato verificable con la vista, y los datos verificables con la vista escasean en este mercado.

en la ficha del propio operador. Lo que esta lista añade es el contexto del permiso, y en el caso de Playdoit ese contexto es el de un permisionario antiguo con una marca que opera bajo su paraguas.

7. Betway: el número corto que no parece número

Betway aparece con un permiso 4184 según casasdeapuestaslegales.mx, un número que rompe el formato de todas las demás entradas de la lista: sin siglas de oficina, sin año, sin diagonales. Eso no lo hace falso, pero sí lo hace incómodo. Un número así no se puede situar en la nomenclatura administrativa, y quien lo lea no puede deducir de él ni la época ni la ventanilla que lo emitió.

El titular que acompaña a ese número sí tiene forma completa: Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. Y ahí está lo interesante, porque la presencia de un permisionario de frontón en la lista conecta con lo que el Reglamento prevé: los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. El frontón es un deporte mexicano con historia propia, y sus permisionarios son uno de los caminos por los que el juego llega hoy a internet en el país.

Para un aficionado que apuesta al frontón, esta entrada tiene un interés particular: la casa con raíz en el frontón es la que mejor debería conocer ese mercado. Para los demás, el valor está en el nombre del titular, que es concreto y completo, aunque el número del permiso no lo sea. Con eso y con lo que publique la casa sobre momios y retiros, ya hay con qué decidir.

8. 1xBet: el titular que no es la empresa de la app

1xBet es el caso más incómodo de la lista. Aparece con un permiso DGJS/0002/2020 y Entretenimientos Naturales como titular, según un sitio especializado, fuente que tampoco pudo confirmar el dominio 1xbet.mx ni el registro de la autoridad. Y hay un segundo dato que no cuadra: la tienda de aplicaciones lista la app bajo 1XCorp N.V., una empresa distinta del titular citado.

Dos sociedades para un mismo producto es, en el mercado mexicano, más común de lo que debería. La estructura de permisionario con marcas permite que la marca opere el sitio y que la sociedad permisionaria sostenga el permiso, y eso ya lo vimos en Betcris. La diferencia aquí es que el titular citado no aparece en la ficha de la app, y que la fuente que dio el número tampoco pudo confirmar el dominio. La suma de las dos cosas deja al aficionado sin una cadena completa de número, sociedad y producto.

Para el apostador que valora poder reclamar, esta es la entrada que más exige antes de depositar: pedir a la casa el permiso y el nombre del permisionario, y contrastar con lo que la app dice de sí misma. Nadie va a hacer eso por un partido del domingo. Quien tenga saldo en juego, quizá sí.

9. Pickwin: el número que aparece en la casa de al lado

Pickwin cierra la lista con el caso más revelador de todos. Su permiso se atribuye a Producciones Móviles S.A. de C.V., con Unocapali La Paz Operadora, pero el número de permiso no se imprime: las fuentes se contradicen, y el número que da una compilación es el que el pie de página de Betcris muestra para Producciones Móviles. Las dos marcas comparten permisionario, y un número repetido entre dos fichas es exactamente lo que la estructura del mercado permite.

Nada de eso es ilegal. Un permisionario puede operar varias marcas, y los permisos son intransferibles pero no exclusivos en el sentido de que una marca por permiso signifique una marca y sólo una. Lo que muestra el caso es que la transparencia sobre los permisos en México depende de que alguien arme la cadena, y esa persona no es ni la casa ni la autoridad.

Para el aficionado que compara Betcris y Pickwin pensando que son dos operadores distintos, el caso tiene una consecuencia directa: al compartir permisionario, el respaldo legal de fondo es el mismo, aunque la experiencia de producto sea distinta. Eso reduce el beneficio de tener cuenta en ambas por razones de seguridad y lo deja en lo que realmente es, una diferencia de momios y de app. Es una distinción pequeña en la ficha y grande en el criterio de un aficionado que no quiere depender de una sola estructura.

Lo que cuesta una semana de apuestas: la cuenta

La cuenta que interesa en esta página se hace sobre un hábito, no sobre un bono. Supongamos a un aficionado que fija su propio límite en 500 pesos MXN a la semana y los juega una sola vez, en un mercado de dos resultados con momios de 1,90 y 1,90. Es un ejemplo, no un precio que esté publicado en ninguna casa: sirve para ver de dónde sale el costo que el aficionado no ve.

En ese mercado la casa devuelve 95 % de lo apostado y se queda con 5 %. Ese porcentaje sale de dividir uno entre la suma de los inversos de los dos momios. El aficionado que apuesta 500 pesos está, en promedio, cediendo 5 % de ese monto al margen, que son 25 pesos por semana. En un mes de cuatro apuestas, alrededor de 100 pesos; en un año de 52 semanas, alrededor de 1,300 pesos sobre un volumen de 26,000 pesos.

La cifra hay que leerla con su condición. Es un promedio de largo plazo sobre muchas apuestas iguales, con el mismo volumen y el mismo mercado, y no lo que le va a pasar a nadie en una semana concreta. Un aficionado puede ganar en una semana y otro puede perder en la misma; lo que no cambia es el peaje, que se cobra sobre el volumen y no sobre el resultado. Y si el mismo aficionado juega ese volumen en mercados secundarios, donde el margen suele ser más ancho, el costo de la misma semana sube.

La banda razonable de la estimación depende de dos cosas que el aficionado controla: el margen del mercado que elige y el número de boletos con los que mueve su volumen. Con mercados principales y poco volumen el resultado se queda cerca del extremo bajo de la banda, alrededor de 25 pesos por cada 500 jugados; con mercados exóticos y muchos boletos chicos se va al extremo alto, y la diferencia entre los dos extremos es más grande que cualquier bono de bienvenida de tamaño promedio. Ése es el orden de magnitud que un aficionado debería tener en la cabeza antes de decidir cuánto y cuántas veces apuesta.

Sobre esa base, el bono se puede juzgar con la aritmética puesta. Un incentivo que exige mover varias veces su propio importe añade volumen, y el volumen añade margen pagado. Un bono que exige pocos boletos y no impone un momio mínimo alto es estructuralmente más barato, aunque su importe sea menor. Un bono que exige un momio mínimo alto empuja al aficionado al corazón de los mercados principales, donde el margen es más delgado, y por eso no es tan malo como parece. El criterio que ordena todo es el costo por peso movido, y no el tamaño del número en el banner.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se comprueba que una casa de apuestas mexicana tenga permiso de la Secretaría de Gobernación?

Pidiendo dos datos, no uno: el número de permiso y la sociedad permisionaria que lo ostenta. Los sitios con permiso suelen publicarlo en el pie de página, y las compilaciones de casas legales lo recopilan. La lista de la autoridad no está disponible de forma abierta, así que conviene contrastar la marca con lo que dice de sí misma.

¿Un dominio .mx garantiza que la casa tenga permiso en México?

No. Un dominio terminado en .mx lo registra cualquiera, y el registro del nombre no pasa por la Secretaría de Gobernación ni por la Dirección General de Juegos y Sorteos. La terminación del sitio dice dónde se registró el nombre, no quién sostiene la operación. Lo que vale es el permiso del permisionario que opera el sitio, no la dirección desde la que responde.

¿Existe un registro nacional de autoexclusión para apostadores en México?

No existe. La autoexclusión voluntaria opera dentro de cada casa, con las herramientas que cada operador publica en su cuenta: pausas, límites y cierre. Eso obliga a repetir el trámite casa por casa y a acordarse de todas las cuentas abiertas. La iniciativa que busca sustituir la ley de 1947 plantea mecanismos de autoexclusión, y sigue siendo una propuesta, no una norma vigente.

¿Cómo se fijan límites de depósito o de pérdida en una cuenta de apuestas?

Cada casa los ofrece en la configuración de la cuenta, y el orden importa: se fijan antes de depositar, con el saldo en cero. El límite de depósito acota cuánto entra en un periodo y es el más útil para un presupuesto chico; el de pérdida acota lo que se pierde. En México no hay un límite estatutario de depósito ni de pérdida, así que la cifra la pone el apostador.

¿Qué riesgo corre quien apuesta en un sitio sin permiso en México?

El marco normativo prohíbe la actividad de apuestas no prevista expresamente, y la Secretaría de Gobernación puede bloquear dominios y aplicaciones sin permiso. Sin permisionario mexicano no hay autoridad local ante quien reclamar, y un saldo puede quedar congelado, como ocurrió con cuentas de jugadores en los bloqueos de 2025 y 2026.

¿Quién paga impuestos por un premio de apuestas en México y cuánto se retiene?

La casa retiene al pagar el premio, y la base es el artículo 138 de la Ley del ISR: 1 % cuando el impuesto estatal no excede de 6 %, y 21 % si un impuesto estatal lo supera. La Ciudad de México grava los premios con 6 %, y la carga total reportada ronda 7 %. La retención es definitiva solo si se presenta la declaración obligada; la casa emite el CFDI de retenciones.

Cómo se lee esta comparación

Un bono no se mide por el número que aparece en el banner sino por lo que hay que apostar para cobrarlo, y por eso el orden de esta página empezó en el costo y terminó en el permiso. Las nueve marcas de la lista operan bajo un permiso de la Secretaría de Gobernación sostenido por un permisionario, y en ninguna de ellas el número de permiso está confirmado por la autoridad, porque la lista oficial no se puede consultar. Eso no es una nota al pie: es la razón por la que la verificación del aficionado sigue siendo indispensable.

Un aficionado que juega poco encontrará que la mayoría de los incentivos son grandes en el anuncio y modestos en la práctica, y que el límite de depósito que fije antes del primer depósito le va a servir más que cualquier promoción. Un aficionado que juega todos los días puede cumplir un rollover casi de paso, y para él la decisión real es qué casa publica las condiciones que está dispuesto a aceptar. Un aficionado que sólo busca apostar al partido del domingo debería elegir por la vía de pago y la velocidad del retiro, y no por el bono.

Ninguna de esas tres decisiones necesita un pronóstico. Necesita una lectura: qué permiso sostiene la operación, cuánto margen tiene el mercado que se va a jugar, cuánto volumen se va a mover este mes y quién retiene el impuesto si el boleto pega. Todo eso se calcula antes del silbatazo, y todo eso queda en la cuenta del aficionado y no en la de la casa.

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