Apuestas de carreras de caballos 2026: lo que se queda la casa antes de correr el caballo
Datos actualizados al 28 de octubre de 2026, con las condiciones de permiso revisadas contra la normativa vigente y las fichas y pies de página de cada operador.
Hay un momento, en la ventanilla de un hipódromo, en el que todo el mundo entiende el negocio sin que nadie se lo explique.
Datos actualizados al noviembre 5, 2026, con las condiciones de permiso revisadas contra el Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos y las fichas y pies de página de cada operador. El boleto está en la mano, la carrera tarda cuatro minutos en arrancar, y en esa pausa se ve la pizarra con los momios que bajan y suben según entra el dinero de los demás. Nadie te promete nada. No hay bono de bienvenida, no hay rollover, no hay apuesta gratis con requisitos que caducan. Pones mil pesos, la pizarra te dice cuánto paga tu combinación y lo que paga es exactamente lo que cobran todos los demás boletos después de que el hipódromo se llevó su parte.
Después uno abre el teléfono y el tono cambia. La casa en línea te recibe con una alfombra roja, un porcentaje enorme en letras enormes y la palabra “gratis” repetida tres veces en la primera pantalla. Ese contraste es el tema de esta página, aunque el tema se llame apuestas de carreras de caballos. Lo que quiero averiguar aquí es una sola cosa: cuánto de tu dinero se queda del otro lado antes de que ningún caballo salga del partidor, y si el permiso de la Secretaría de Gobernación que anuncia cada marca cambia algo de esa cuenta.
México es un país peculiar para esto. El juego con apuestas está prohibido por la ley federal desde 1947 salvo lo que la autoridad autorice expresamente, y el reglamento que la desarrolla —reformado el 16 de noviembre de 2023— añade que lo no previsto queda prohibido. En ese hueco legal opera un mercado entero: no existe una licencia digital, sino permisos de la Secretaría de Gobernación, Dirección General de Juegos y Sorteos, otorgados a un permisionario con local físico, y varias marcas extranjeras se cuelgan del permiso de un tercero mexicano. La palabra correcta es permiso, no licencia, y esa distinción tiene consecuencias reales cuando algo se bloquea.
Las carreras ocupan un lugar propio en esa maraña. El Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos mete a hipódromos, galgódromos y frontones entre los espectáculos en vivo con “cruce de apuestas” y define ahí el sistema parimutuo, el pozo común que reparte entre los boletos ganadores. Es una de las pocas formas de apuesta que la norma sí mira de frente. Y es también la que casi nunca vas a encontrar en la aplicación de una casa en línea, que prefiere ofrecerte momios fijos sobre una carrera de Kentucky o de Palermo antes que meterte en el pozo de un hipódromo mexicano.
Aquí no vas a encontrar pronósticos ni un caballo que vaya a ganar. Nadie puede saber un resultado, y quien te lo venda te está vendiendo otra cosa. Lo que sí vas a encontrar es la aritmética, los requisitos que la letra pequeña esconde y una comparación de nueve operadores con permiso de la SEGOB según sus propias fichas, pies de página y las compilaciones que los citan, cada uno leído por lo que cuesta usarlo.
Los criterios con los que se midió a cada casa
Antes de nombrar a nadie conviene decir con qué lupa se miró, porque una lista sin criterios es un catálogo. Cuatro cosas pesan, y ninguna de ellas es el tamaño del número impreso en el banner de bienvenida.

El permiso y quién lo sostiene. Cada marca de esta lista opera bajo un permiso de la Secretaría de Gobernación tramitado por un permisionario con local físico, y el número sale del pie de página de la propia marca o de una compilación de terceros, no de un registro oficial. Ninguna de estas cifras viene confirmada por la autoridad, y las compilaciones se contradicen entre sí en más de un caso. Eso no descalifica a nadie por sí solo, pero sí cambia cómo se lee el número: es una declaración de parte, no un documento verificado.
Lo que el permiso te da materialmente. Un permisionario mexicano aporta dirección legal en el país, controles de identificación de cliente, reportes de operaciones relevantes a la UIF y al SAT —el juego es actividad vulnerable frente al lavado de dinero— y un CFDI de retenciones cuando el premio está gravado. Una marca sin permiso local no aporta nada de eso, y una cuenta en un operador bloqueado puede quedar congelada sin más trámite que un oficio.
La transparencia de la letra chica. Cuánto hay que apostar para que un bono se convierta en dinero retirable, qué momio mínimo cuenta para esa apuesta, cuánto tiempo hay, qué tope tiene la ganancia de una apuesta gratis. Lo que la ficha del operador dice en letras grandes suele ser lo único de esta lista que el lector ya conoce; lo otro es lo que hay que ir a buscar.
El momio y lo que deja. Aquí no hay opinión posible. El precio del mercado incluye un margen, y ese margen es un costo fijo que el apostador paga con cada boleto, gane o pierda. Es la parte de esta comparación que el marketing no puede tocar.
Las nueve casas con permiso de la SEGOB, comparadas una por una
Las cifras de permiso provienen del pie de página del operador o de una compilación que lo cita; ninguna está confirmada oficialmente, y donde dos fuentes dan números distintos, la celda lo dice en vez de elegir uno.
| Casa de apuestas | Permiso de la SEGOB según lo que declara su fuente | Lo que su propia ficha dice sobre el deporte y las carreras |
|---|---|---|
| Strendus | DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según las compilaciones de casas de apuestas; el titular cambia según la compilación (Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads); sin confirmación oficial | Su ficha no detalla mercados de carreras |
| Betway | 4184, según las compilaciones de casas de apuestas; titular Espectáculos Deportivos Frontón México; sin confirmación oficial | Su ficha no detalla mercados de carreras |
| Betcris | Hay permiso de la SEGOB del permisionario, pero el número no se imprime: el del pie de página de la marca y el de la tabla del titular difieren; el titular aparece como Producciones Móviles | Su ficha no detalla mercados de carreras |
| Novibet | DGJS/DCRCA/1121/2020, según las compilaciones de casas de apuestas; titular Comercial de Juegos de la Frontera; sin confirmación oficial | Su ficha no detalla mercados de carreras |
| Codere | DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según las compilaciones de casas de apuestas; titular Libros Foráneos (Codere México); sin confirmación oficial | Más de 30 deportes, estadísticas en vivo, creador de apuestas, momios mejorados y apuestas gratis |
| Caliente | DGG/SP/404/97, tomado del pie de página de la propia marca; titular Tecnología de Entretenimiento Caliplay (Grupo Caliente); sin confirmación oficial | Transmisión en vivo, creador de apuestas, depósitos y retiros desde el celular, promociones y eventos virtuales; solo mayores de 18 años |
| Playdoit | DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx; titular Eventos Festivos de México; sin confirmación oficial | Futbol, basquetbol, tenis, MMA y esports, con apuestas en vivo y transmisión, casino en vivo, “Playboost”, retiro anticipado y atención 24 horas |
| Pickwin | Hay permiso de la SEGOB del permisionario, pero el número no se imprime: las fuentes se contradicen y una repite el número que Betcris muestra en su pie de página; titular Producciones Móviles con Unocapali La Paz Operadora | Su ficha no detalla mercados de carreras |
| 1xBet | DGJS/0002/2020, según las compilaciones de casas de apuestas, que no pudo confirmar ni el dominio ni la lista oficial; titular Entretenimientos Naturales; la App Store publica la app a nombre de 1XCorp N.V., empresa distinta del titular; sin confirmación oficial | Apuestas en vivo, transmisión en vivo y estadísticas de futbol, basquetbol, tenis, UFC y esports, más bonos de bienvenida, promociones de temporada y programa de lealtad |
Saltan dos cosas a la vista apenas se lee la tabla en vertical. La primera: el permiso, tal como lo declara cada marca, no distingue a nadie. Nueve operadores, nueve números con formato de oficio, y ni uno solo verificado por la autoridad. La segunda: ninguna de estas nueve fichas menciona las carreras de caballos. Caliente, Codere, Playdoit y 1xBet describen con cierto detalle lo que ofrecen en futbol, basquetbol, tenis, MMA y esports, y el resto ni eso. La disciplina que da título a esta página es, en las fuentes que estas marcas publican, una ausencia.
Eso no significa que no existan mercados de carreras en sus programas de apuestas; significa que lo que una marca anuncia en su ficha no es el catálogo completo de lo que ofrece, y que el lector que busca específicamente carreras tendrá que abrir el programa de cada casa antes de registrarse, porque la ficha no se lo va a decir. Es una molestia menor comparada con lo que viene después, pero es una molestia real: la información que estas marcas sí empujan con fuerza es la del bono, y la del mercado que te interesa no aparece.
Sobre las dos marcas que el lector va a buscar y no va a encontrar: bet365 y Betano, esta última de Ganador Azteca, están bloqueadas desde noviembre de 2025, cuando la UIF identificó trece casinos y congeló cuentas. En diciembre de 2025 un tribunal colegiado solo les permitió publicar contenido informativo ajeno a las apuestas. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, y el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. El estado cambia con cada resolución, así que quien tenga saldo ahí hace bien en no contar con él.
Strendus: tres números de permiso y ningún titular claro
Strendus es la marca que menos quiere hablar de su permiso y la que más lo repite. Su ficha muestra tres números —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021— según una compilación que a su vez advierte que las listas no coinciden en quién es el titular: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads, según de dónde se lea. Ninguna de las dos versiones está confirmada por la autoridad.
Tres números para una sola marca puede leerse como una empresa que renovó su permiso varias veces a lo largo de ocho años, o como una compilación que juntó documentos de titulares distintos sin notarlo. Desde la orilla del apostador, las dos lecturas llevan al mismo sitio: hay que asumir que la marca declara lo que declara y que no hay forma cómoda de verificarlo.
La ficha de la casa tampoco ayuda a decidir por el lado del producto. No publica un catálogo de deportes, no describe mercados, no menciona carreras. El lector que llega buscando qué se puede apostar ahí sale sin respuesta. Es una marca que existe, que declara un permiso y que no cuenta gran cosa de sí misma: para el apostador de carreras, eso la vuelve una incógnita antes de ser una opción.
Veredicto: el permiso declarado de Strendus es el más difícil de rastrear de las nueve, y una marca que no puede explicar cuál de sus tres números es el vigente tampoco va a explicarte qué pasa si algo sale mal con tu cuenta. Para un apostador que revisa la letra chica antes de depositar, ese detalle pesa más que cualquier promoción.
Betway: el permiso con nombre y apellido de un frontón
Betway declara un solo número, 4184, según la misma compilación, y un titular con historia: Espectáculos Deportivos Frontón México. Que el permisionario sea un recinto de frontón no es un dato decorativo. El Reglamento permite que los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón obtengan permisos complementarios de apuestas remotas, así que la cadena entre el recinto y la plataforma en línea tiene una forma prevista en la norma, aunque el número siga sin confirmación oficial.
Ahí está el valor y ahí está el límite. El valor: un titular identifiable, con local físico y una actividad regulada detrás. El límite: eso describe al permisionario, no al producto. De los mercados de Betway, su ficha no dice prácticamente nada sobre qué deportes cubre ni con qué profundidad, y desde luego no menciona carreras.
Un lector que quiera saber si el frontón detrás del nombre le sirve de algo concreto tiene que ir a la página de la marca y leer el pie de página, que es donde vive ese número. No es un dato que la casa ponga adelante. Y esa asimetría —el permiso discretito abajo, la promoción enorme arriba— se va a repetir en casi todas las marcas de esta lista.
Veredicto: el permiso mejor documentado del grupo en cuanto a titular, y probablemente el más aburrido en cuanto a lo que la marca cuenta de su propio producto. Quien valore una cadena formal y verificable por encima del catálogo tiene aquí su candidata; quien quiera saber si puede apostar una carrera en particular, no.
Betcris: cuando el número del permiso no se puede imprimir
Betcris es el caso más interesante de la tabla por lo que la tabla no puede decir. La marca declara un permiso de la SEGOB de su permisionario, y el titular aparece como Producciones Móviles, pero el número no se imprime: el que figura en el pie de página del sitio y el que aparece en la tabla del propietario son distintos, y esta página no elige entre ellos.
Es la decisión correcta, aunque incomode. Un número de permiso es un identificador; si dos documentos de la misma casa dan dos identificadores, imprimir uno sería inventar una certeza. Lo que sí queda claro es más interesante que el número: en el pie de página de Betcris conviven un permiso mexicano a nombre de Producciones Móviles, que según el oficio DGJS/405/2018 opera junto con Paradise Riviera Gaming, y una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta, MGA/B2C/300/2008, vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026, a nombre de TV Global Enterprises Ltd., empresa del sitio.
Dos reguladores, dos titulares, dos jurisdicciones. Eso no es un defecto en sí; es una estructura habitual en el sector, y este lector prefiere que esté a la vista. Lo que sí conviene tener presente es que la licencia maltesa no sustituye al permiso mexicano para efectos de lo que la autoridad mexicana hace o deja de hacer, y que el amparo o el oficio de un regulador no se extiende al otro.
Veredicto: la marca más transparente de la lista en un sentido incómodo: enseña dos jurisdicciones y no esconde que son dos. El apostador que lee pies de página sale ganando; el que solo mira el banner, ni se enteró.
Novibet: un permiso limpio y un producto sin describir
Novibet presenta el papel más ordenado del bloque: un número, DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx, y un titular, Comercial de Juegos de la Frontera. Sin contradicciones entre compilaciones, sin sociedades entrelazadas, sin licencia extranjera a la vista. La confirmación oficial sigue faltando, como en todas, pero la declaración al menos es coherente consigo misma.
Después de eso, la marca calla. Su ficha no enumera deportes, no describe mercados, no menciona carreras ni transmisiones ni herramientas de apuesta. Un permiso limpio y una hoja de producto en blanco.
Hay una lectura generosa y una severa. La generosa: una marca que no infla su lista de deportes con relleno. La severa: no hay manera de saber, sin registrarse, si lo que ofrece te sirve. Para quien llega a esta página buscando carreras, las dos lecturas son igual de inútiles, y la balanza se inclina por la segunda simplemente porque el costo de averiguarlo es alto: hay que crear una cuenta para ver el catálogo.
Veredicto: la declaración normativa más creíble del grupo y el peor escaparate. Si el permiso es lo único que te importa, Novibet lo declara sin ruido; si buscas saber qué hay dentro antes de dar tus datos, tendrás que dar tus datos primero.
Codere: más de 30 deportes y un permiso de primera generación
Codere declara dos permisos, DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según compilaciones especializadas, con Libros Foráneos como titular mexicano. Dos números en cuatro años apuntan a una casa que lleva tiempo en el país y ha ido actualizando su cobertura administrativa; los años, 2015 y 2019, la sitúan además como una de las marcas veteranas del grupo, muy por delante de las que llegaron después.
Su app es la más descriptiva de las nueve en cuanto a producto: más de 30 deportes, estadísticas en vivo, creador de apuestas, momios mejorados y apuestas gratis. La ficha también indica que opera con permiso de la SEGOB, que limita el uso a mayores de 18 años y que incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Es, en otras palabras, la única marca de la tabla que convierte su ficha en algo parecido a un resumen de lo que ofrece.
La palabra “apuestas gratis” merece una pausa, porque es donde este tipo de ficha se vuelve resbalosa. Una apuesta gratis en un catálogo de casa de apuestas suele ser un importe que se juega con condiciones: el momio mínimo que cuenta, el plazo, el tope de ganancia. La ficha de Codere no las detalla, lo cual no es un pecado de la marca —un App Store no es un contrato— pero sí es la razón por la que la sección del mecanismo viene más adelante en esta página.
Veredicto: el catálogo más amplio de los nueve, declarado dos veces en dos registros distintos entre 2015 y 2019 y con más de 30 deportes en la mano. La marca está claramente entre las grandes; lo que no hace es decirte qué de todo eso aplica a las carreras.
Caliente: el único número que la marca imprime por su cuenta
Caliente hace algo que ninguna de las otras ocho hace de la misma manera: el número del permiso, DGG/SP/404/97, se lee en el pie de página del propio sitio, no en una compilación de terceros. El titular es Tecnología de Entretenimiento Caliplay, del Grupo Caliente. La confirmación oficial sigue faltando, pero la procedencia del dato es la más directa de la tabla.
La ficha de “Caliente Deportes” añade el resto: transmisión en vivo, creador de apuestas con la etiqueta “crea tu apuesta”, depósitos y retiros desde el celular, promociones y eventos virtuales, y una restricción explícita de solo mayores de 18 años. La app la publica Tecnología en Entretenimiento Caliplay, versión 8.12.1 del 20 de octubre de 2026, con una cadencia de actualización que dice bastante sobre el mantenimiento del producto. Y el pie de página de caliente.mx añade que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable.
El año en el número es lo que más me dice. 1997 es anterior a la reforma del reglamento de 2023, anterior a la discusión sobre licencias digitales, anterior a casi todo lo que hoy se discute. Es el permiso de una casa que lleva más de dos décadas en el negocio: por eso mismo, el número es informativo sobre su historia y no sobre su estado actual, que solo la autoridad podría confirmar.
Veredicto: la marca con la trazabilidad más corta entre el número y su origen, y probablemente la más institucional del grupo. Es también la que menos necesita el marketing, aunque no se priva de él.
Playdoit: el catálogo corto y las herramientas de más
Playdoit declara DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx, con Eventos Festivos de México como titular. Otro permiso de la generación de 2005, la misma que aparece detrás de Betcris y de Pickwin, lo cual es una pista útil: un puñado de permisionarios concentra varias marcas, y cuando dos marcas comparten titular conviene leer sus términos por separado.
Su ficha es más honesta sobre el contenido que la de casi todos: dice exactamente qué deportes cubre —futbol, basquetbol, tenis, MMA y esports— y qué herramientas pone alrededor, apuestas en vivo con transmisión, casino en vivo, “Playboost” para aumentar ganancias, retiro anticipado y atención las 24 horas. Cinco deportes no es un catálogo ambicioso, y me parece preferible que lo diga a que infle la lista.
El retiro anticipado merece mención porque es, en nuestra jerga, el cash out: cobrar el boleto antes de que termine el evento al precio que la casa ofrezca en ese momento. Su valor depende enteramente del precio que la casa ponga, y las fichas de tienda de aplicaciones nunca traen esa cifra. “Playboost” es del mismo tipo: el nombre dice que las ganancias suben, y lo que no dice es de dónde sale ese aumento.
Veredicto: el catálogo más pequeño de los nueve, contado con precisión, y las herramientas de apuesta más numerosas entre las marcas que publican algo. Si nunca vas a apostar a un deporte que no esté en esa lista de cinco, es una candidata razonable; si las carreras son tu motivo, la lista no te cubre.
Pickwin: el número que las fuentes repiten mal
Pickwin comparte con Betcris algo más que un estilo de permiso: la compilación que le asigna un número le da el mismo que Betcris muestra en su pie de página, el de Producciones Móviles. Otra compilación le da DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER, el número asociado al permisionario de Betcris. El titular aparece como Producciones Móviles S.A. de C.V. con Unocapali La Paz Operadora, y los números se contradicen entre sí.
Aquí no hay nada que elegir y por eso no se imprime ninguno. Lo que sí dice el dato, y me parece lo más relevante, es que dos marcas distintas del mismo mercado quedan entrelazadas en las compilaciones que las describen: el mismo permisionario detrás de plataformas separadas. Eso no es ilegal ni insólito —un permisionario puede operar varios centros de apuestas remotas— pero cambia cómo se leen las condiciones de cada una. Dos marcas, dos reglamentos internos, un mismo titular de permiso.
Fuera del permiso, la ficha de Pickwin no ofrece mucho sobre el producto: no enumera deportes, no describe mercados, no menciona carreras. La marca queda, para el lector de esta página, casi enteramente definida por un documento que no se puede leer con confianza.
Veredicto: la marca con la documentación más enturbiada de la lista, y encima emparentada con otra por la vía del permisionario. Antes de depositar ahí, un lector cuidadoso querría saber de qué número depende su cuenta, y hoy ese dato no está disponible con certeza.
1xBet: la marca con dos identidades y un dominio que no se pudo confirmar
1xBet es el caso extremo del grupo por tres razones a la vez. Primero, el número: DGJS/0002/2020, según compilaciones especializadas, cuya propia compilación no pudo confirmar ni el dominio ni la lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos. Segundo, el titular: Entretenimientos Naturales. Tercero, y esto es lo que más llama la atención, la App Store publica la app a nombre de 1XCorp N.V., una empresa distinta del titular del permiso.
Una aplicación distribuida por una sociedad y un permiso a nombre de otra es una estructura que existe y que conviene entender: la marca global frente al vehículo local. Desde la verificación del apostador, sin embargo, la consecuencia práctica es incómoda. Cuando quieras saber quién responde por tu cuenta, tendrás dos nombres y ninguna regla clara sobre cuál de los dos es tu contraparte.
Su ficha, en cambio, es de las más largas: apuestas en vivo, transmisión en vivo y estadísticas de futbol, basquetbol, tenis, UFC y esports, más bonos de bienvenida, promociones de temporada y un programa de lealtad. Es una oferta construida alrededor del volumen y de la retención, con la retención explícita en el programa de lealtad. Nada de eso menciona carreras.
Veredicto: el catálogo más grande del grupo y la verificación más enredada, con una app publicada por una sociedad y un permiso a nombre de otra. Para el apostador que quiere saber exactamente contra quién reclama, dos nombres en la misma operación son uno más de lo cómodo.
El mecanismo del momio: lo que paga, lo que cuesta y lo que nadie imprime
Aquí es donde las diferencias entre marcas se achican hasta casi desaparecer, porque la aritmética no tiene bandera. Un momio decimal, en nuestra jerga, es el número por el que se multiplica tu apuesta si el boleto acierta. Si pones 200 pesos a momio 1,90 y ganas, vuelven 380 pesos: 200 por 1,90. La ganancia neta, sin contar la devolución del capital, son 180 pesos, el resultado de multiplicar 200 por 0,90.
Esto vale tanto para la apuesta sencilla como para la combinada, el parlay. En un parlay los momios de las selecciones se multiplican entre sí y forman un solo precio, y de ahí sale la promesa de la ganancia enorme. Lo que esa multiplicación también hace, y esto es lo que la publicidad omite con más empeño, es multiplicar la probabilidad de fallar de cada selección: cada pata añadida encarece el boleto en términos de probabilidad, aunque el precio suba.
El momio, además, nunca es la probabilidad limpia de un suceso. Dentro de él hay un margen para la casa, y ese margen se ve mejor cuando se calculan todos los resultados de un mismo mercado como si fueran una sola cosa.
Toma un mercado de dos resultados —un “gana / no gana” sin empate, del tipo que aparece en carreras y en muchos duelos directos— con momios ilustrativos de 1,90 y 1,90. No es un precio cotizado por ninguna casa; es el ejemplo que se usa aquí para ver la mecánica. La parte que reparte el mercado entre todos los boletos ganadores es 1 dividido entre 1,90 más 1 entre 1,90, o sea 0,526 más 0,526, y da 1,0526. La casa se queda con lo que falta para llegar a 1: 0,0526, es decir un 5,26 %, y redondeando, una banda de entre el 5 % y el 6 % del dinero del mercado según el ajuste fino que cada operador haga a sus precios.
Ese cálculo supone que el mercado tiene dos resultados y nada más, que la casa no vuelve a mover los momios después de que tú compraste el boleto y que ambos precios salen del mismo momento. Cambia cualquiera de las tres cosas y el reparto se mueve.
Lo importante no es el 5,26 % exacto, sino su tamaño. Sobre una apuesta de 200 pesos, ese margen son unos 10,50 pesos que no vuelven a nadie que apostó; sobre un parlay de tres selecciones al mismo margen por pata, el efecto se acumula hasta ser el protagonista del boleto. La casa no necesita que pierdas todas las apuestas —el margen cobra igual en cada una de las que gana el apostador— y por eso el número es el dato más honesto de toda esta página.
Cuando una casa anuncia “momios mejorados”, lo que está diciendo es que movió ese margen hacia el apostador en algunos eventos. Es una afirmación verificable con la calculadora, y casi nunca viene acompañada del precio de referencia con el que se debería comparar.
Ahí está el argumento contra el bono de bienvenida tal como se vende. Una casa que te devuelve 500 pesos en bono sobre 10.000 pesos de apuestas a margen 5,26 % dio y quitó casi en la misma cantidad: el margen se llevó más de 500 pesos de ese volumen, y el detalle completo del costo llega en la sección siguiente.
El parimutuo del hipódromo y por qué se siente distinto a una casa en línea
Las carreras de caballos y de galgos ocupan un lugar singular en la ley mexicana. El Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos incluye a hipódromos, galgódromos y frontones entre los espectáculos en vivo con “cruce de apuestas” y define ahí el sistema parimutuo, que reparte el pozo entre los boletos ganadores. Los titulares de permisos de hipódromo pueden obtener además un permiso complementario de apuestas remotas, según el artículo 28 del Reglamento, que es la vía por la que un recinto físico puede operar apuestas a distancia.
Técnicamente, un parimutuo funciona sobre las carreras planas y todo el resto del programa: las carreras planas van de 440 yardas (unos 400 metros) a más de cuatro millas (unos 6,4 kilómetros), y lo más común son distancias de cinco a doce furlongs, entre uno y 2,4 kilómetros. Las carreras con obstáculos, el steeplechase y las vallas, se conocen en Gran Bretaña e Irlanda como National Hunt, y en las carreras de hándicap cada caballo lleva un peso distinto según su capacidad, mientras que en las de condiciones todos cargan el mismo peso con ventajas para los más jóvenes y para las yeguas.
Nada de eso cambia el hecho central del cruce de apuestas: la suma que se reparte es la de todos los boletos, y por lo tanto el reparto no depende de la casa sino de cuánta gente haya acertado. Cuando ganas, tu parte depende de cuántos ganaron contigo. Es la misma lógica que el margen de una casa de apuestas en línea, vista al revés: la casa en línea te fija el precio y se queda la diferencia; el hipódromo reparte el pozo y se queda su comisión antes de repartir.
Para el apostador, la diferencia se siente en la información. En el hipódromo sabes que tu boleto compite contra todos los demás y ves cómo cambia la pizarra hasta el arranque. En la casa en línea ves un precio fijo, cómodo, disponible en el teléfono a cualquier hora, y no ves el margen. La comodidad de apostar una carrera desde el sillón se paga en opacidad, y esa es la traducción práctica del 5 % que calculábamos antes.
Hay un punto donde las dos vías se acercan: el momento de registrar un menor de edad. Los menores de edad no pueden participar nunca en el cruce de apuestas de un hipódromo, no como norma comercial sino como mandato del artículo 5 del Reglamento. Las marcas en línea, por su parte, escriben “18+” en sus fichas, y Caliente lo repite en su app y en su pie de página. La autoridad mexicana no ha fijado en la ley una cifra general de edad para apostar, así que el número que ves es el de la marca, sostenido en su propio cumplimiento y no en un mandato con número.
El bono de bienvenida por dentro: requisitos, momio mínimo y plazo
Aquí está la parte de la página que más apremia, porque es la que se puede convertir en dinero perdido sin que el apostador se dé cuenta de que estaba jugando la carta de la casa y no la suya.
Un bono de bienvenida, un paquete de depósito o un paquete de bienvenida con apuesta gratis son tres cosas distintas con tres costos distintos, y las tres empiezan con la misma cifra en letras grandes. Lo que decide el costo es el requisito de apuesta, el rollover, que es la cantidad que hay que jugar antes de poder retirar algo. No hay una regla federal que fije un rollover máximo ni mínimo: lo que hay es lo que cada casa escriba en sus términos, y ese texto puede cambiar con el tiempo sin que la APP Store se entere.
Los tres mecanismos que más dinero cuestan son siempre los mismos, y aparecen en cualquier casa con permiso de la SEGOB igual que en las demás. El primero es el tamaño del multiplicador: cuántas veces hay que jugar el importe del bono, o el bono más el depósito según lo que la casa nombre como base. El segundo es el momio mínimo que cuenta: los boletos por debajo de ese precio simplemente no suman al requisito, y ahí es donde el apostador de momios bajos —el que juega favoritos, el que hace combinadas prudentes— descubre a mitad de camino que su apuesta no contó. El tercero es el reloj: los bonos caducan, y con ellos caduca el trabajo ya hecho.
Un cuarto es más silencioso: cuando una apuesta repartida a varias selecciones cuenta solo por su parte jugada y no por el importe total del boleto, la ganancia del rollover se termina calculando selección por selección.
Y luego está la apuesta gratis, que es donde la palabra “gratis” se gana su fama. Una apuesta gratis cuyo importe no se devuelve con el premio paga, si acierta, solo la ganancia: el momio menos uno, multiplicado por el importe. La apuesta de 500 pesos a momio 1,90, si gana, devuelve 450 pesos de beneficio y no los 950 que devolvería un boleto normal con dinero real, y encima hay topes de ganancia que la letra chica sí menciona y que la portada no. Media cuenta del valor del bono desaparece en esa distinción, y es la distinción que ningún banner explica.
Una regla práctica para el lector: antes de aceptar cualquier oferta de bienvenida, busca tres cifras en los términos —el multiplicador, el momio mínimo que cuenta y el plazo— y descarta el resto de la letra chica por un momento. Si alguna de las tres no aparece en un lugar claro, la oferta no está lista para ser evaluada, y una oferta que no se puede evaluar no se acepta.
El impuesto: quién lo cobra, sobre qué base y qué te devuelven
Este apartado es informativo y no es asesoría fiscal; quien tenga dudas sobre su caso concreto consulta a un contador.
En México el premio de una apuesta es ingreso, y la ley lo trata como tal. El artículo 137 de la Ley del ISR incluye entre los ingresos por premios los que provienen de loterías, rifas, sorteos, juegos con apuestas y concursos autorizados legalmente, y los artículos 137 y 138 de la misma ley reparten la retención entre el pagador y el ganador. La retención es del 1 % cuando el estado no grava el premio o su impuesto no supera el 6 %, y del 21 % cuando un impuesto estatal supera ese 6 %. La Ciudad de México tiene un impuesto estatal del 6 % sobre los premios, lo que en la práctica deja una carga aproximada del 7 % según los reportes secundarios que describen el cruce de las dos cifras. La retención es pago definitivo solo si la persona presenta la declaración a la que está obligada; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita. Los premios por encima de 600.000 pesos en el año se reportan en la declaración anual.
Las palabras “autorizados legalmente” del artículo 137 hacen un trabajo enorme y no conviene pasarlas por alto. Lo que la ley grava es el premio de un juego autorizado; el tratamiento de un premio obtenido en un sitio sin permiso no está establecido, y por eso una página honesta no inventa ni exención ni sanción. El consejo práctico, aquí, es preguntar antes: quien apuesta en un sitio sin permiso puede descubrir que su premio tiene un tratamiento fiscal que nadie le explicó.
Sobre el premio, el operador emite un CFDI de retenciones cuando el premio queda gravado, y ese comprobante es el documento que después sostiene la contabilidad del ganador.
El impuesto del lado del operador es otra historia y también vale conocerla, porque es el motivo por el que las ofertas cambiaron. La Ley del IEPS, en su artículo 2, fracción II, inciso B), grava con el 50 % los juegos con apuestas y los sorteos que requieren permiso conforme a la Ley Federal de Juegos y Sorteos; la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de noviembre de 2025, en vigor desde el 1 de enero de 2026, subió esa tasa desde el 30 % anterior. El mismo inciso alcanza a los juegos en línea de residentes en el extranjero sin establecimiento en México, que quedan sujetos a las obligaciones de la ley, con bloqueo temporal del servicio digital en los casos graves de incumplimiento según los artículos 18-H BIS a 18-H QUINTUS de la Ley del IVA. La base del tributo no está establecida en el texto: este dice “valor de la actividad”, la prensa habla del “monto total apostado”, y por eso esta página no escribe “50 % de lo apostado” ni “50 % del ingreso bruto”. Lo que sí puede decirse sin arriesgar nada es que un impuesto del 50 % sobre una base discutida es la explicación más probable de que las ofertas de bienvenida se hayan rediseñado para absorber una parte de la carga.
Los estados también cobran. La Ciudad de México grava las apuestas y Nuevo León grava los montos apostados, con bases y tasas distintas, y un lector que cambie de estado puede encontrarse con una carga distinta sobre la misma apuesta.
Conviene subrayar una cosa más, y es la que más se confunde: ganar y retirar son dos trámites distintos, y en una casa con permiso el retiro va a una cuenta a nombre del jugador, con la verificación de identidad de por medio. El impuesto lo retiene quien paga el premio, no el apostador en el momento de depositar.
El calendario de las carreras y los eventos que sí se pueden jugar
Las carreras de caballos no tienen temporada, y ese es su encanto y su problema. Hay reuniones casi todos los días en algún hipódromo del mundo, y el mercado que la casa en línea te ofrece no depende del calendario mexicano sino de dónde tenga exóticos.
Para ubicar lo que sí existe, la estructura del deporte ayuda. Las carreras planas se corren sobre una pista recta u ovalada entre dos puntos, y las de obstáculos —steeplechase y vallas— son lo que en Gran Bretaña e Irlanda llaman National Hunt. La distancia va de 440 yardas, unos 400 metros, a más de cuatro millas, unos 6,4 kilómetros, con lo más frecuente entre cinco y doce furlongs, es decir entre uno y 2,4 kilómetros. En las carreras de hándicap cada caballo lleva un peso distinto asignado por su capacidad; en las de condiciones todos cargan lo mismo, con ventajas para los ejemplares más jóvenes y para las yeguas. Un apostador que sepa leer esa diferencia entiende por qué un mismo caballo puede ser favorito un sábado y no serlo el domingo.
México tiene su propia escena a través de los hipódromos autorizados, y el Reglamento le da forma: los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden pedir permisos complementarios de apuestas remotas para llevar el cruce de apuestas más allá del recinto físico. Esa es la puerta legal por la que un recinto puede ofrecer un mercado a distancia, y es también la razón por la que el apostador de carreras en línea depende, en última instancia, de una estructura pensada para un recinto.
Sobre eventos internacionales, la prudencia manda. La Copa del Mundo de la FIFA 2026 ya se jugó, entre junio y julio, y pertenece al pasado; quien la mencione como próxima está desactualizado, y quien la mencione como certeza de apuestas fáciles está vendiendo humo. El resto de los grandes eventos del año depende de cada calendario y de lo que cada casa decida abrir, y esa información no está en las fichas de las nueve marcas de esta comparación, que describen futbol, basquetbol, tenis, MMA, esports, NFL y ligas europeas sin detallar una sola competencia de carreras.
Lo que sí cambia entre casas es el formato. Algunas tienen transmisión en vivo de eventos, otras solo estadísticas, otras ninguna de las dos. Para las carreras, donde el detalle de la pista y el estado del terreno pesan en la decisión, la diferencia entre ver y no ver no es cosmética.
La aplicación, el registro y el momento en que das tus datos
La ruta práctica del apostador de carreras empieza casi siempre por una aplicación, y ahí las nueve marcas se vuelven más parecidas de lo que sus fichas sugieren: registro, verificación de identidad, primer depósito, y luego el catálogo.
Los métodos de pago que las marcas anuncian son, cada uno según su propio escaparate, tarjetas, transferencia bancaria por SPEI, comprobantes en efectivo en tiendas como OXXO y monederos electrónicos. Los retiros van a una cuenta a nombre del jugador, y el operador emite un CFDI de retenciones cuando el premio queda gravado. No hay una ley que regule los métodos de pago en apuestas, y por eso la referencia útil son los términos de cada casa y no un código: el catálogo de métodos que ves en la portada es lo que esa marca dice de sí misma en un día concreto, no una obligación permanente.
El registro trae la verificación de identidad, el KYC, y esa parte no es un capricho burocrático: el juego es actividad vulnerable frente al lavado de dinero, y los operadores verifican usuarios y reportan operaciones relevantes a la UIF y al SAT. Los documentos exactos que se piden no están fijados en la ley que se consultó, así que la referencia realista es la lista que cada operador publica en su propio proceso de alta.
Un detalle que pocas páginas dicen claro: la verificación suele resolverse antes del primer retiro y no antes del depósito, así que la fricción llega justo cuando el apostador ya tiene dinero ganado y quiere sacarlo. Llegar con los documentos listos, revisando los requisitos en los términos de la casa, ahorra la peor clase de espera. En un operador bloqueado, además, esa espera puede no terminar nunca: las cuentas de bet365 y Betano quedaron congeladas desde noviembre de 2025 y el proceso judicial que siguió no ha devuelto claridad a los saldos.
Sobre las herramientas que cada app presume, la lectura útil es la misma de siempre. El creador de apuestas, el momio mejorado y el retiro anticipado son funciones reales que también son ocasiones de negocio: cada una pone un precio, y el precio es la parte que la ficha no cuenta. Un creador de apuestas que arma una combinada larga es un parlay con un nombre más amable y el mismo margen dentro.
La normativa mexicana aplicada al caballo: hipódromo, permiso y letra pequeña
La estructura legal merece ordenarse, porque el apostador que entiende dónde está parado negocia mejor con la letra chica. Son tres capas que se apilan.

La primera capa es federal y vieja. La Ley Federal de Juegos y Sorteos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 31 de diciembre de 1947, prohíbe los juegos de azar y las apuestas en todo el territorio y permite únicamente los expresamente autorizados. La Secretaría de Gobernación otorga los permisos e inspecciona, según su artículo 7; cierra los establecimientos sin autorización según el artículo 8; ninguna casa puede instalarse cerca de escuelas o centros de trabajo según el artículo 9; y los estados y municipios colaboran según el artículo 10.
La segunda capa es la que hace el trabajo fino. Esta norma, reformada el 16 de noviembre de 2023, cubre la autorización, el control y la inspección de los juegos con apuestas con jurisdicción federal, excepto los de la Lotería Nacional. Su artículo 2 declara prohibida toda actividad de apuestas o sorteos no prevista expresamente. Su artículo 3 define el permiso como un acto administrativo temporal otorgado a un permisionario. Los tipos de permiso relevantes para las apuestas son los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos, según el artículo 28, que además permite a los titulares de hipódromo, galgódromo o frontón obtener permisos complementarios de apuestas remotas. Esa es la pieza que explica por qué el operador de carreras en línea existe legalmente en México.
La tercera capa son las obligaciones que vienen pegadas al permiso. Los permisos son intransferibles según el artículo 31. Los permisionarios de apuestas remotas deben llevar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar un seguro, reportar operaciones sospechosas de lavado de dinero y constituir una fianza, según el artículo 29. Trasladado al apostador, eso significa que un operador con permiso tiene un rastro documental de su dinero, que es exactamente lo que no tiene quien juega en una marca offshore.
Y el artículo 5 cierra la puerta al público que no debe entrar: los menores de edad no pueden participar nunca en el cruce de apuestas de un hipódromo. Fíjate en la redacción: no dice que no deban, ni que se les restrinja; dice que no pueden, nunca. Es una de las pocas prohibiciones absolutas del reglamento, y las marcas en línea, por su parte, escriben 18+ en sus propias condiciones sin que exista una cifra general establecida en la ley.
Ahora la parte que a la autoridad le falta. No existe una licencia para apuestas en línea como figura propia, y no existe una ley específica de juego digital: las páginas en línea operan bajo el permiso de un permisionario con local físico, y muchas marcas extranjeras se apoyan en un permisionario local, de modo que un mismo titular puede operar varias marcas. La palabra correcta es permiso y no licencia, y esa precisión importa cuando algo se cae.
Lo que tampoco existe, y conviene decirlo porque más de un lector lo da por hecho, es una lista oficial abierta de permisos. La Dirección General de Juegos y Sorteos publicaría un documento con los sitios autorizados, y el Congreso pidió entre mayo y julio de 2026 un registro público abierto. Los recuentos de sitios de apuestas se contradicen entre reportes —136 sitios en una versión, entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx en otra— así que no se imprime ninguna cifra ni se da ningún número de permiso como oficial. Por eso la tabla de esta página lleva la fuente en cada celda: es la única manera honesta de mostrarla.
Sobre la reforma: la Secretaría de Gobernación terminó un anteproyecto para reemplazar la ley de 1947 —reportado el 13 de octubre de 2026— y lo envió al Gabinete de Seguridad. No se ha presentado y no es ley. Una iniciativa para derogar la ley crearía un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos con edad mínima de 21 años y autoexclusión, y sigue siendo solo una propuesta. Nada de eso está en vigor hoy, y quien lea que “viene una ley nueva” está leyendo un deseo, no un hecho.
Sobre la publicidad: no se encontró un artículo federal que la regule en los apartados leídos del Reglamento. Los reportes sobre límites de horario en televisión —después de las 22:30 o entre las 06:00 y las 22:00— describen iniciativas, no derecho vigente, y las propuestas para limitar influencers y deportistas, prohibir anuncios en transmisiones deportivas y prohibir bonos de bienvenida no son ley. La publicidad que sí se ve en la calle muestra la clave del permiso oficial y las advertencias de juego responsable, según un reporte secundario.
El estado real de los bloqueos, con fecha
La aplicación de la ley en 2025 y 2026 cuenta una historia que cambia cada pocos meses, y por eso aquí se escribe con fecha y no como estado actual.
El 11 y 12 de noviembre de 2025, la Unidad de Inteligencia Financiera identificó trece casinos y congeló cuentas; bet365 y Betano, esta última de Ganador Azteca, quedaron deshabilitadas. En diciembre de 2025, un tribunal colegiado les permitió únicamente publicar contenido informativo lícito y ajeno a las apuestas. En marzo de 2026, un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, y el sitio seguía inactivo al 24 de marzo de 2026. En julio de 2026, la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, incluidos betano.mx y bet365.mx. El 23 de octubre de 2026, un tribunal federal habría suspendido la orden de la Secretaría contra bet365 y Betano, según una sola fuente.
Un lector que hoy busque saber si esos sitios están abiertos o cerrados no va a encontrar una respuesta estable, y esta página no la va a inventar. Lo que sí puede decirse es que un saldo en un operador bloqueado puede quedar congelado, que un amparo concedido a una marca no se extiende a otra, y que quien tenga dinero en uno de esos dos sitios debería tratarlo como dinero en disputa mientras las resoluciones sigan cambiando. Cerca de veinte casinos físicos cerraron en 2026.
Sobre la marca offshore, el punto es de estructura y no de lista negra. Un operador con permiso mexicano aporta sede legal en el país, un permiso de la Secretaría de Gobernación, controles de identificación y reporte a la UIF y al SAT, y un CFDI de retenciones. Una marca sin permiso local no aporta ninguna de esas cosas y opera con reglas propias. Los sitios con licencia de Curazao no son permisionarios mexicanos, aunque su publicidad sí hable de “licencia”. Ni una vía ni la otra tienen un registro nacional de autoexclusión al que el apostador pueda apelar.
Y una precisión que evita conclusiones exageradas: no está establecida una multa ni un delito para el jugador que apuesta en un sitio sin permiso, así que esta página no anuncia ni una sanción ni una exención.
Cómo se comprueba un permiso sin una lista pública
Si el registro oficial no se puede abrir, la verificación tiene que hacerse por partes, y hay cuatro lugares donde buscar.
El pie de página de la propia casa es el primero y el más productivo. Ahí vive el número de permiso y el nombre del permisionario, y ahí se ve la diferencia entre una marca que declara un permiso mexicano y otra que declara una licencia extranjera. Caliente es el ejemplo más claro: su número se lee en su propio sitio y no en una compilación.
El segundo es la coherencia entre el titular del permiso y la empresa que opera la app o el sitio. Cuando el permiso está a nombre de una sociedad y la aplicación la publica otra —el caso de 1xBet, donde la App Store la publica una empresa distinta del titular—, el lector ya sabe que va a tratar con dos entidades y puede decidir si eso le importa.
El tercero son las advertencias obligatorias. La publicidad que muestra la clave del permiso y los avisos de juego responsable es una señal de que la marca al menos se presenta como regulada, aunque eso no sea una verificación.
El cuarto es la comparación entre compilaciones, que en México es obligada porque las listas se contradicen. Cuando dos compilaciones dan números distintos para la misma marca, la conclusión correcta no es elegir el más creíble sino tratar el dato como no resuelto, y eso es lo que esta página hace en las celdas que lo dicen.
La salvaguarda que depende de ti, porque el registro no existe
Aquí viene la parte seria, sin ironía y sin adornos.
México no tiene un registro nacional de autoexclusión. No hay una lista a la que un apostador pueda inscribirse para que todas las casas del país le cierren la cuenta a la vez, y no hay una autoridad que reciba esa solicitud y la haga valer. La autoexclusión que existe es interna a cada operador: pides a esa casa que te cierre o te suspenda, y esa casa lo hace o no lo hace según sus propios términos. En tu casa funciona; en la de la esquina, nadie se enteró.
Tampoco se encontró un límite de depósito o de pérdida de origen legal, ni una figura de cuenta temporal. No hay un techo estatal que la casa deba aplicar, y por lo tanto un límite solo existe si tú lo pones. Esa ausencia es el hueco más grande del sistema mexicano, y no es un problema teórico: un apostador que se descontrola no tiene un botón institucional que apretar, solo un formulario dentro del sitio donde perdió el control.
Lo que sí ofrecen los operadores son herramientas voluntarias: pausas, límites de depósito y autoexclusión, cada uno según lo que la marca escriba en su propia ficha. Codere menciona avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Caliente enlaza una sección de juego responsable desde su pie de página y pide divertirse con responsabilidad. Winpot añade avisos de juego responsable en sus aplicaciones. La lista de herramientas es corta y depende de cada casa; ninguna de estas funciones viene con una obligación legal detrás.
La reforma en discusión incluiría autoexclusión y una edad mínima de 21 años, y esa es exactamente la clase de cambio que un registro nacional significaría. Hoy es una propuesta, no un derecho exigible.
Para un apostador, el orden práctico es este: antes de depositar, revisar si la casa permite fijar un límite de depósito y cuánto tarda en aplicarse; probar el formulario de autoexclusión antes de necesitarlo, no cuando haga falta; y no confiar en que la casa va a ofrecer lo que su publicidad sugiere. Si existe un problema con el juego, el apoyo llega por la vía de la salud y no por la del operador, y la casa que te atiende no es neutral en la conversación.
Un límite que no se puede fijar por adelantado no es un límite; es una intención, y las intenciones duran hasta la primera racha mala.
Cómo leer tu propio boleto antes de firmarlo
Todo lo anterior se junta en una operación de dos minutos, y vale la pena hacerla siempre.
Elige el evento y el mercado, anota el momio y calcula lo que paga tu apuesta: importe por momio, con la ganancia neta como importe por (momio menos uno). Después revisa el requisito de apuesta si estás usando un bono, con las tres cifras que importan: multiplicador, momio mínimo que cuenta y plazo. Compara el precio con el de otra casa con permiso para el mismo evento, porque la diferencia entre 1,90 y 1,95 en un boleto de 500 pesos son 25 pesos más. Y confirma antes de registrarte que el retiro va a una cuenta a tu nombre y qué documentos vas a necesitar.
Ninguno de esos pasos requiere saber quién va a ganar. Todos reducen lo que la casa se lleva.
Preguntas frecuentes sobre las apuestas de carreras
¿En qué deportes y eventos se puede apostar en una casa con permiso de la SEGOB?
La apuesta deportiva se permite solo a través del permiso de la SEGOB de un permisionario. Las carreras de caballos y de galgos tienen su propio marco como espectáculos en vivo con cruce de apuestas en hipódromos, galgódromos y frontones. Las apuestas en vivo, los deportes virtuales, los esports y cada tipo de apuesta no tienen una regla separada en los artículos consultados del Reglamento.
¿Cómo saber si una casa de apuestas opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?
No hay una lista oficial abierta que se pueda consultar con comodidad: la Dirección General de Juegos y Sorteos publicaría un documento de sitios autorizados y el Congreso pidió un registro público en 2026. En la práctica se revisa el pie de página de la casa, que debe mostrar el número de permiso y el nombre del permisionario, y se coteja con la empresa que opera la aplicación.
¿Cómo se calcula lo que paga una apuesta con la cantidad apostada y el momio?
Se multiplica el importe por el momio decimal. Una apuesta de 200 pesos a momio 1,90 devuelve 380 pesos si acierta, y la ganancia neta son 180 pesos, el resultado de multiplicar 200 por 0,90. En una combinada los momios de las selecciones se multiplican entre sí y forman un solo precio, y con él se hace la misma operación.
¿Cómo se nota el margen de la casa de apuestas en los momios?
Se suman las inversas de los momios de todos los resultados de un mismo mercado y se mira cuánto pasa de 1. En un mercado de dos resultados con momios ilustrativos de 1,90 y 1,90, la suma da 1,0526 y el excedente es 0,0526, un margen de aproximadamente 5,26 %: la banda que la casa se queda del dinero del mercado, entre 5 % y 6 % según su ajuste.
¿Se pagan impuestos por los premios en México y quién los retiene?
El premio es ingreso por premios según los artículos 137 y 138 de la Ley del ISR: el pagador retiene 1 % cuando el estado no grava el premio o su impuesto no supera el 6 %, y 21 % cuando un impuesto estatal pasa ese 6 %. La Ciudad de México cobra 6 % sobre premios, unos 7 % en total, y el operador emite un CFDI de retenciones.
¿Cómo se ponen límites de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?
No hay un registro nacional de autoexclusión ni un límite legal de depósito o de pérdida, así que el límite existe solo si el propio operador lo ofrece en su cuenta. Las herramientas son voluntarias y varían por casa: pausas, límites de depósito y autoexclusión según lo que cada marca escriba. La reforma en discusión incluiría autoexclusión, pero hoy es una propuesta.
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